Fragmento

…me daba pedazos de mango a la boca con las manos; podía sentir, debajo del dulzor de la fruta, el sabor salado de sus dedos. (Una mosca revoloteaba alrededor del plato de fruta; finalmente fue a posarse en un charco de jugo naranja, y se quedó allí pegada, incapaz de volver a levantar el vuelo). “Más”, me decía, ofreciéndome otro pedazo de mango, “más, otra vez”, me decía. Yo abría la boca…

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