Pero yo no tuve la culpa

Esto me pasó la semana pasada, hace exactamente una semana, cuando estaba volviendo a casa a pie, porque últimamente subo bastante a pie a casa, antes cogía casi siempre el tranvía (aquí le llaman eléctrico) o el autobús o incluso un taxi pero últimamente subo bastante andando, y la semana pasada, hace exactamente una semana, pues eso, subía andando por donde el tranvía 28, por los miradores de Santa Lucía y Portas de Sol, por ahí, es importante que diga que llevaba un libro en la mano, porque a veces cuando voy andando por la calle (si hace bueno y no llueve, claro) voy leyendo a la vez que ando, todavía nunca he tenido un accidente pero cualquier día, así que llevaba un libro en la mano, y en ese momento, cuando me pasó esto, lo llevaba cogido en la mano izquierda, o sea, la mano que daba hacia la carretera porque no lo he dicho pero estaba subiendo por el lado derecho de la calle, total, que llevaba el libro en la mano izquierda, cerrado pero con un dedo puesto en medio como si fuera un marcapáginas para no perder el hilo, y en ese momento, entonces, llegué a ese sitio justo antes del mirador de Portas do Sol que está en obras temporalmente desde hace diez años, que si vas por el lado derecho de la calle como iba yo solo tienes dos opciones, o cruzas a la otra acera, que es lo que se debe hacer, o te sales a la carretera y andas por la carretera esos cinco metros, que es lo que todo el mundo hace, y es también lo que yo hice, porque total son cinco metros y los coches te ven y no te van a atropellar por ir por la carretera, como mucho te pitarán y se acordarán de tu madre, especialmente si son taxistas, en fin, que iba yo por la carretera con mi libro en la mano izquierda y entonces en ese momento pasó a mi lado un coche rojo, un poco viejo pero tampoco es que estuviera destartalado, vamos, estaba en buenas condiciones aunque no era lo que podríamos decir un último modelo, y uno de los chavales que iba dentro, porque dentro iban cuatro chavales (yo en ese momento no podía verlos a todos, pero luego ya sí, los vi a todos, a los cuatro, y demasiado bien que los vi), pues eso, que el chaval que iba en el asiento del copiloto sacó la mano de la ventanilla, agarró mi libro y pretendía quitármelo, y si hubiera sido un libro de Murakami o de Javier Marías pues a lo mejor yo habría dicho, hala, llévatelo, majo, y que lo disfrutes, con tu pan te lo comas, pero no era el caso, era un libro de Yuri Herrera que se llama La transmigración de los cuerpos, llevaba leídas solo quince, veinte, veinticinco páginas, no lo sé, y me estaba gustando, me parecía que el libro prometía, y no quería quedarme sin él y no poder saber si el libro cumplía lo que prometía en esas primeras quince, veinte o veinticinco páginas, así que en vez de soltarlo y decir con tu pan te lo comas lo agarré con todas mis fuerzas, y no solo ya con una sino con las dos manos, y empecé a correr para acompañar al coche, que afortunadamente iba bastante despacio así que podía seguir su ritmo, y estuvimos así, él agarrando el libro de un lado y yo de otro durante unos cuantos metros, que menos mal que en el mirador en ese momento no había casi nadie, y los que había debieron pensar mira estos jóvenes, qué cosas inventan para divertirse, pero yo no me estaba divirtiendo, estaba furioso, o sea, estaba enfadado de una forma que no era racional ni proporcional al hecho de que me estuvieran robando un libro, más bien parecía que me estaban robando a un hijo, así que no solté el libro y seguí corriendo detrás y entonces en ese momento vi que delante de nosotros o mejor delante de mí, porque yo era el que iba por la acera, venía una señal de tráfico, y pensé, ahora soltará el libro, ahora va a tener que soltar el libro, el muy cabrón, pero no lo soltaba, y yo como estaba furioso de una forma irracional y desproporcionada pues tampoco estaba dispuesto a permitir que se llevaran a mi hijo, o sea, mi libro, y la señal se iba acercando y no sé si es que el chico no la vio, o si pensó que yo me iba a rajar antes o si estaba borracho y pensó que podía romper la señal con el brazo, el caso es que cuando efectivamente chocamos con la señal lo que se rompió no fue la señal sino su brazo, o su muñeca, o el brazo a la altura de la muñeca, no lo sé, algo se rompió, oí un crac y luego unos gritos terribles, con el golpe el libro había salido volando y se había caído al suelo y a mí en ese momento solo me importaba que me hubieran ensuciado el libro, y eso que yo con los libros no soy especialmente fetichista, hay gente que los forra con plástico y todo para que no se le estropeen, yo no, si hace poco hasta se me cayó un libro en el balde de la fregona y se quedó todo abarquillado, y aun así esta vez no me importaba nada el brazo roto del chaval este sino que mi libro se hubiera manchado de barro o de agua o de sangre del chico o cualquier cosa, solo reaccioné cuando vi que se estaban bajando del coche los otros tres chavales, los amigos del que se había roto el brazo, y que venían hacia mí gritándome cosas como cabrón, hijo de puta, te vamos a matar, en portugués me lo gritaban y yo no lo entendía todo pero por el contexto era fácil adivinar el sentido de lo que decían, así que salí corriendo por la calçada da Graça arriba, y ellos venían detrás también corriendo y gritando y uno de ellos me lanzó algo que no sé qué era ni de dónde lo había sacado pero afortunadamente no me dio, a lo mejor era un adoquín de esos de la calzada portuguesa que pesan un quintal, una vez en el aeropuerto vi a una turista que quería llevarse uno como souvenir en el equipaje de mano, pero no se lo dejaron pasar en el control de seguridad, le dijeron que nanay, que con eso nos secuestras el avión y se lo requisaron, así que seguí corriendo calle arriba intentando hacer algunos zigzags en medio por si me lanzaban algo más, seguía oyendo cómo me gritaban pero me daba la impresión de que los iba dejando atrás, menos mal que últimamente estoy haciendo bicicleta estática y tengo un poco más de resistencia, que si no me cogen seguro y entonces prefiero no pensar, así que seguí corriendo sin que me cogieran, y pude doblar la esquina ya en la placita del mirador y mezclarme con la gente que estaba en la puerta del Botequim y seguir corriendo hasta llegar a casa y abrir la puerta y cerrar la puerta y subir corriendo las escaleras hasta casa y abrir la puerta y cerrar la puerta y sentarme en el suelo, me temblaba todo, no podía dejar de temblar, todavía oía a los chavales gritar en la calle pero gracias a dios no había visto en qué puerta me había metido, y afortunadamente tuve la buena cabeza de no encender la luz así que no tenían forma de saberlo, me quedé todavía un buen rato tirado en el suelo, luego me di una ducha, me metí en la cama y me dormí inmediatamente dos horas después, y si cuento todo esto ahora es porque ha pasado una semana, exactamente una semana, y no he conseguido volver a abrir el libro de Yuri Herrera, porque me da miedo que en realidad no cumpla lo que prometen esas quince, veinte, veinticinco páginas, que empiece bien pero luego se desinfle o se pierda o que sea una tontería de novela, y entonces me sentiría culpable por no haber soltado el libro, por no haber dejado que se lo llevase el chaval aunque luego lo fuera a tirar por la ventana o a la basura o al río o aunque se fuera a limpiar el culo con él, qué más da, a lo mejor incluso se lo habría leído, siempre que sepa leer español, que en Portugal no es tan raro, hay muchos portugueses que chapurrean un poco de español y leerlo casi todos consiguen leerlo por lo menos en un nivel así, digamos, doméstico, el caso es que no he conseguido seguir con la novela de Yuri Herrera por miedo a que sea mala, a que sea una basura, uno de esos libros que en Un libro al día llamamos decepcionantes o intragables o incluso repugnantes, o lo peor de todo, que sea un Se deja leer, que es como decir no te vas a morir por leerlo pero tampoco vas a ganar nada, eso sería lo peor de todo, que me dejase indiferente, porque me daría más pena y me sentiría más culpable si al final resulta que el chico se rompió un brazo o la muñeca o el brazo a la altura de la muñeca por un libro que en realidad, meh.

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Un pensamiento en “Pero yo no tuve la culpa

  1. Si sigues con ese tipo de comentarios a los libros de Murakami, me voy a ir al mirador a explicarle al chavalín tu morada 🙂

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