Exigencias del guión

Había luna llena la noche en que Archiband IV salió a cabalgar desnudo por la estepa ruritana con la intención de secudir o secuestrar (o las dos cosas) a su futura mujer María Luisa, encontrando a duras penas su camino entre el fango, las zarzas y las piedras.

Oigo que un lector pregunta: ¿Y tú cómo sabes que había luna llena? ¿Es que conoces la fecha exacta en que Archiband IV salió a cabalgar desnudo por la estepa ruritana con la intención de secudir o secuestrar (o las dos cosas) a su futura mujer María Luisa, y te has molestado en calcular los ciclos lunares de los últimos doscientos años? ¿O es que tienes en tu poder documentos escritos o visuales que te permitan asegurar a ciencia cierta que había luna llena?

No, respondo, sé que había luna llena la noche que Archiband IV salió a cabalgar desnudo por la estepa ruritana con la intención de secudir o secuestrar (o las dos cosas) a su futura mujer María Luisa, porque si no hubiera habido luna llena esa noche Archiband IV nunca hubiera encontrando ni siquiera a duras penas su camino entre el fango, las zarzas y las piedras, y nunca habría llegado al umbral de la casa de María Luisa, donde ella ya lo esperaba con un gesto curvo -casi como un signo de interrogación- del cuerpo.

Ahá, insiste el lector, pero ¿por qué había luna llena? ¿Es que Archiband IV eligió cabalgar desnudo por la estepa ruritana con la intención de secudir o secuestrar (o las dos cosas) a su futura mujer María Luisa precisamente esa noche porque había luna llena? ¿O, por el contrario, había luna llena porque Archiband IV iba a cabalgar y para que Archiband IV cabalgase tenía que haber luna llena?

Sí, contesto.

¿Sí, qué?, vuelve a preguntar el lector.

Sí, le aclaro, esa noche había luna llena porque Archiband IV iba a cabalgar desnudo por la estepa ruritana con la intención de secudir o secuestrar (o las dos cosas) a su futura mujer María Luisa, y si esa noche no hubiera habido luna llena no habría habido cabalgada, o habría habido una cabalgada infructuosa, o Archiband IV habría muerto despeñado en uno de los numerosos y siempre accesibles precipicios ruritanos, y María Luisa hubiera conservado para siempre en su cuerpo ese gesto curvo (casi como un signo de interrogación).

Y entonces no habría habido historia. Y yo necesitaba que hubiera historia. Especialmente hoy, necesitaba que hubiera una historia.

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