Post(super)man

A un estudiante de posgrado, de nombre Paul Verbaud, que estaba haciendo una tesis doctoral sobre los manuscritos inéditos de Foucault le picó una pulga radioactiva, o si no radioactiva sí por lo menos muy ilustrada. En los días siguientes, el estudiante desarrolló una serie de poderes sobrehumanos, tales como una fuerza capaz de llevar pilas de libros de un punto a otro, la capacidad de recordar el día correcto para devolverlos a la biblioteca o una inteligencia extraordinaria que le permitía deconstruir cualquier concepto hasta sus más íntimas contradicciones intrínsecas, volviéndolo así prácticamente inutilizable.

(Por ejemplo, si alguien le decía: “Paul, por favor, ¿podrías abrir la ventana?”, Paul podía inmediatamente reconstruir la genealogía de las ventanas como elemento de control y poder, miedo y sumisión, desde las troneras medievales y las vidrieras catedralicias hasta los más modernos edificios construidos con vidrio, de forma que al final la ventana se quedaba cerrada y al que le había preguntado le entraba un dolor de cabeza terrible).

Paul Verbaud comprendió inmediatamente que se había convertido en lo que vulgarmente se conoce como un superhéroe (a pesar de ser consciente de que el concepto de superhéroe no era sino un producto ideológico propagandístico de la superestructura del capitalismo avanzado).

Lo primero que hizo, después de llamar a su madre para contárselo, fue elegir el nombre adecuado. Pensó, en primer lugar, en llamarse post-man, pero le dio miedo que le confundiesen con un cartero y que le hicieran bromas preguntándole si llamaba a la puerta una, dos o más veces. Lo siguiente que se le ocurrió fue post-superman, pero tenía implicaciones nietzscheanas con las no podía sentirse completamente a gusto: Decidió por fin denominarse post(super)man, una expresión que reflejaba, creía él, la escisión políticamente conflictiva y potencialmente esquizofrénica entre el yo y el mundo creada por la picadura de la maldita pulga.

Paul sabía también que un gran poder conlleva una gran probabilidad de meter la pata, así que se propuso resistirse a la tentación de actuar hasta haber construido adecuadamente un discurso sobre las causas, objetivos y consecuencias de sus acciones como post(super)man. Lo que sucede es que sus poderes se circunscribían a la deconstrucción, no a la construcción, así que una y otra vez la reflexión lo conducía a la inacción y a la futilidad de cualquier esfuerzo por modificar significativamente las condiciones de vida de sus semejantes.

Podía, por ejemplo, detener las guerras, pero ¿cómo decidir, sin referencia a grandes discursos o causalidades teleológicas, a qué bando otorgar la victoria, o cómo realizar el reparto de poderes y bienes tras el final del conflicto? Podía, claro, optar por ponerse del lado de los oprimidos, pero si algo nos ha enseñado la historia, además de que no hay documento fiable o testigo que no mienta, es que los que hoy son oprimidos mañana se convierten en opresores, y la rueda gira y gira y post(super)man no se resignaba a darle otro empujoncito.

Finalmente, Paul Verbaud optó por el Think global, act local: se retiró a su fortaleza de la soledad (que tenía un aire mezcla de hotel, aeropuerto y centro comercial) en un barrio periférico de París, de la que solo salía para rescatar a un gatito, arreglar un enchufe o ayudar a una señora a cruzar la calle. Habrá quien piense que así estaba malgastando sus poderes, y de hecho es innegable que no cambió el mundo en ningún modo significativo, pero por lo menos sus vecinos le querían mucho.

Anuncios

Un pensamiento en “Post(super)man

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s