Father figure

Estaba pensativo, Lúckasz, me parecía a mí. Revolvía el puré de verduras y lo removía y lo removía y lo removía y no terminaba de llevárselo a la boca. Yo intentaba atraer su atención hablándole de un artículo interesantísimo sobre la deconstrucción del concepto de deconstrucción, pero no había forma de sacarle de su ensimismamiento. Así que al final le pregunté directamente.

-¿Qué te pasa?

Me miró, al principio, como si no se acordase de quién era yo.

-¿Eh?

-Que qué te pasa. Estás muy callado hoy, no me dices nada…

-Ah. Ya. Puede ser.

Pero no añadió nada más, y yo en esos casos nunca sé si insistir y repreguntar o si dejarle en paz, porque Luckasz es bastante reservado para las cosas que quiere reservarse. Así que seguimos un rato comiendo los dos en silencio, aunque en realidad Luckasz no comía, solo seguía removiendo y removiendo y removiendo.

Por fin, cuando yo ya estaba atacando mi arroz con leche, Luckasz habló.

-Es que mi mujer está embarazada.

Casi salto de la silla. Luckasz y su mujer llevaban tiempo queriendo quedarse embarazados; sobre todo ella.

-¡Pero eso es cojonudo! ¡Qué buena noticia! ¡Tenemos que celebrarlo! ¿De cuánto está?

Pero Luckasz no estaba para celebraciones.

-Estoy acojonado, Santi. Acojonado. ¿Se dice así?

-Sí.

-¡Voy a ser padre! Y quiero ser padre. ¡Pero voy a ser padre! ¡Va a haber en el mundo una persona para la que yo voy a ser el padre! Que va a decir: “Mi papá es esto o lo otro”, ¡y ese papá voy a ser yo!

-Bueno, pero… de eso se trata, ¿no?

-Sí, pero es que… ¡yo no tengo ni idea de cómo ser padre! ¿Cómo se cuida a un niño? ¿Cómo se educa a un niño? ¡Educar a un niño! ¿Te das cuenta? ¡Que puedes desgraciarlo para toda la vida!

-La gente se arregla…

-La gente… Imagínate que me nace una niña. ¿Qué hago? ¿Y si la niña quiere irse de fiesta? ¿A qué hora hay que decirle que vuelva? ¿O no hay que dejarle que vaya a ninguna fiesta hasta que se case o tenga cuarenta y cinco años, lo que pase antes?

-No digas tonterías. Esas cosas se van aprendiendo sobre la marcha, se habla con otros padres…

-Y lo peor no es eso: lo peor es que tengo que fingir que sé cómo ser padre. Tengo que hacer el papel de padre. Pero no tengo ni idea del guión. Tengo que parecer que estoy seguro de lo que digo, aunque en realidad no tenga ni idea. “¡Tienes que volver a las once!” ¿Y por qué no a las diez? ¿O a las doce? “¡Porque lo digo yo, que soy tu padre!” ¡Qué cosa tan terrible!

-Bueno, hombre, eso le pasa a todo el mundo…

-¿A todo el mundo?

-A todo el mundo.

Por un momento pareció sopesar la información, sin decidirse por aceptarla o rechazarla.

-¿Quieres decir que mi padre también pasaría por esto mismo? ¿Que él también estaría lleno de dudas?

-Seguro que sí -le contesté, presintiendo que estaba consiguiendo ayudarle, qué buen amigo soy. Pero no.

-Pues eso es muchísmo peor -dijo Luckasz.- Mucho, muchísimo peor. ¡Mi propio padre! ¡Mi padre no tenía ni idea! ¡Mi padre estaba acojonado! ¡Acojonado! (¿Se dice así?) Eso es muchísimo peor.

Yo no tenía muy claro por qué eso era muchísimo peor, pero ya había comprendido que nada de lo que le dijera iba a ayudarle. Así que, después de un respetuoso silencio de varios segundos, le dije:

-Oye, Luckasz…

-¿Qué?

-¿Puedo comerme tu arroz con leche?

Me dijo que sí.

 

 

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