Isla Materia

En el Océano Índico, a unas tres horas de navegación desde la costa de la India, hay una isla a la que los primeros misioneros jesuitas denominaron “Isla Materia” o “Isla de Materia”, indistintamente. No cabe duda de que el nombre es adecuado, dadas las peculiars características de la isla, como enseguida veremos. Orográficamente, la isla de Materia es más un peñón que una isla: un pico de piedra basáltica, grisácea y sin apenas vegetación, que se eleva bruscamente por encima del mar y que termina en un cráter elevado y durmiente desde hace ya siglos. Es una isla agreste, muy poco fértil y con precipitaciones muy limitadas incluso durante la época del monzón. La Isla Materia ha estado desde siempre muy poco poblada, con una comunidad indígena de cerca de doscientos habitantes, dedicados en su mayoría a la pesca, a los que se sumaba un párroco católico que se esforzaba, casi siempre sin éxito, por evangelizar a los nativos.

Lo que hace que esta isla sea especial, sin embargo, es un extraño comportamiento de las leyes físicas que opera en ella: todos los seres, sin distinción, parecen adquirir en la isla una especial densidad, que las hace parecer más reales que la propia realidad. Uno de los primeros exploradores de la isla, fray Afonso de Abuquerue, lo expresó de esta forma: “Si se toma, por ejemplo, una piedra, y se coge en la mano, se experimentará la sensación de que el peso de la piedra no corresponde con el peso que esperaríamos en esa misma piedra. Es como si la piedra contuviera en sí misma otra piedra, del mismo tamaño, forma y composición, y las dos piedras alternasen en nuestra mano a intervalos imposibles de percibir, de manera que nuestros ojos nos dicen que en nuestra mano solo hay una piedra, mientras que nuestro entendimiento nos dice que en realidad hay dos, o al menos, desde luego, más que una.”

Otros investigadores más modernos han hablado de la percepción de una dimensión especial extra, como si los objetos se plegasen infinitamente sobre sí mismos multiplicándose dentro de un mismo espacio finito. (Es evidente que nos encontramos ante un fenómeno ante el cual ni los sentidos ni el lenguaje humanos resultan adecuados, lo que dificultan enormemente su identificación, explicación y estudio).

Con estas peculiaridades físicas, no extraña que los habitantes de la isla (que se denominan a sí mismos como lipis) sean abrumadoramente serios y silenciosos: aunque no sepan que lo que allí ocurre es algo excepcional (puesto que la isla es el único lugar que han conocido en su vida), deben sin duda notar, de algún modo difícil de comprender y de expresar lingüísticamente, aquel exceso de materialidad de la materia que los rodea, y que por lo tanto cualquier acto que realicen puede tener consecuencias catastróficas. (Algo así como gigantes que viven en una isla en la que todo está a escala, pero que de alguna forma se dan cuenta de que poseen una fuerza superior a la normal).

Quizás debido a la influencia de la super-densidad de la isla, sus edificaciones más típicas consisten en acumulaciones piramidales -o mejor dicho, cónicas- de piedras volcánicas más o menos esféricas, completamente vacías en su interior; es posible que con ese vacío interior aspiren a compensar el exceso de anti-vacío (por llamarlo de alguna manera) que los rodea. En contra de lo que pensaron ciertos antropólogos, no se trata de monumentos funerarios, ya que los lipis entregan a sus muertos al mar, en una ceremonia festiva que denominan “liberación del peso”.

Se han propuesto las más diversas explicaciones para el extraño fenómeno de Isla Materia, desde la posición geodésica de la isla hasta la existencia de energías astrales o místicas. Lord Charles Whimsley envió, en 1879, un completo informe a la Real Sociedad Científica de su Majestad sugiriendo que el fenómeno podía deberse a algún tipo de propiedad magnética de la roca volcánica (recordemos que casi todo en aquella época se achacaba al magnetismo), y proponía la instalación de un laboratorio permanente en la isla. Lord Whimsley murió en el viaje de regreso a Inglaterra, por lo que no pudo defender personalmente sus conclusiones delante de la asamblea de la Sociedad Científica, y su solicitud fue desestimada sin demasiado debate.

A partir de 1935 comenzó a extenderse una nueva hipótesis, tras la publicación de L’Île de Matière: Une approximation phenomenologique del científico francés Reginald Mourlin, en la que afirmaba que la explicación del fenómeno no se encontraba en la propia materia de la isla, sino en la percepción de sus habitantes (permanentes o temporales). Mourlin -quien, hay que decirlo, nunca visitó Isla Materia-, hipotetizó que el mismo volcán que formó la isla, aunque dormido, debía de emitir algún tipo de gas ponzoñoso que provocaba en quien lo inhalaba esa extraña sensación de densidad descrita por los exploradores. El fenómeno no sería así físico, sino psicológico: una gran alucinación colectiva. Sin embargo, ninguno de las posteriores expediciones científicas han conseguido comprobar la existencia de ese supuesto gas ponzoñoso, ni de ningún otro elemento, atmosférico, geológico o antropológico que permita comprender el fenómeno. Ni siquiera los medidores de radiactividad (última esperanza de los cientifistas acérrimos) registraron la menor alteración.

La situación de la isla cambió radical y definitivamente en 1995, cuando la empresa Ritz-Fitzgerald compró el terreno de la Isla Materia a Indonesia (propietaria nominal del peñón) e instaló en uno de los extremos de la isla una avanzada fábrica de conservas piscícolas. La isla fue vallada, una parte del volcán fue volado con dinamita y los nativos que no murieron en enfrentamientos con los guardias tuvieron que emigrar a otras islas, donde se les pierde la pista. Esta actuación provocó un gran escándalo entre ecologistas y organizaciones de defensa de los derechos humanos, escándalo que duró lo que dura la corta memoria de la opinión pública.

Sea por la voladura de una parte de la isla, sea por la expulsión de los nativos, el caso es que el extraño fenómeno físico parece haber dejado de existir. Quienes han trabajado en la fábrica de conservas han declarado no notar nada raro, y los pocos científicos que han conseguido acceder al complejo tampoco han registrado ninguna anomalía. Por su parte, las conservas de Isla Materia son apreciadas en todo el mundo por la especial profundidad de su sabor.

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2 pensamientos en “Isla Materia

  1. Isla Materia y el mundo de las conservas. No he visto por estos lares ninguna lata de esa marca. Ummmm…tendré que ir a comprarlas a dicho peñón. Tampoco vi nada en “san google” sobre dichos altercados…..creo que es obvio que existe un complot mundial contra la población lipi y su dios Marcelo Lippi. Investigaré con profundidad y ya te contaré.

    • Las multinacionales son poderosas, pueden hacer desaparecer a toda una población nativa sin que quede rastro. ¿A quién vas a creer, a ellos o a mí?

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