Día del no-padre

Me acuerdo perfectamente del día que me llamaron para decirme que no había sido padre. El veinte de marzo, concretamente. Estaba en la cafetería de la universidad tomando un café con los colegas del departamento; hablábamos de la situación de las universidades, que es un tema recurrente en las universidades. Era media tarde: las cinco, cinco y cuarto, cinco y veinte. Hacía calor. En la televisión se veía uno de esos programas de sobremesa con tertulias y actuaciones “en vivo”.

Y entonces sonó el móvil. Un número desconocido, pero no oculto. Contesté. Oí una voz de hombre.

-¿Es el señor… Santiago Pérez Isasi?

-Sí, soy yo…

-Mire, le llamamos de aquí, del Hospital Santa Clara para decirle que ¡no ha sido usted padre!

-¿Cómo?

-Que no ha sido usted padre… Que no acaba de nacer un hijo suyo que pesa… no pesa, en realidad. ¡No ha habido complicaciones, porque no ha habido parto! Jajaja…

-¿Y la madre está bien?

-¿Qué madre?

-No sé…

Por un momento los dos nos quedamos callados. Luego continuó:

-Hemos creído conveniente llamarle inmediatamente para comunicarle la buena noticia… ¡No es  usted padre!

-Pero…

-Piénselo: no va a tener que levantarse a las tres de la mañana a dormir al niño…

-Pero…

-No va a tener que mudar pañales llenos de mierda…

-Pero…

-Va a poder seguir viviendo la vida loca del soltero sin hijos, viajando, saliendo de fiesta, acostándose y despertándose a la hora que quiera…

-Pero…

-¡Una vida sin responsabilidades, una vida sin ataduras! ¿No es una noticia excelente?

-Pero…

-Y todavía mejor: como no has tenido ningún hijo, ¡tu hijo nunca enfermerá! ¡Nunca tendrá un accidente! ¡Tu hijo no morirá nunca! ¿No es maravilloso?

-Sí, sí, todo eso está muy bien, pero…

No sabía qué más decir, así que me quedé callado otra vez. Pasaron varios segundos de silencio y luego colgué. Colgamos. Volví a la mesa con los compañeros del departamento a hablar de la situación de las universidades. Luego recogí mis trastos y me fui para casa. Vivo solo en un apartamento espacioso y moderno. Tres dormitorios. Cocina. Baño. Una terraza pequeña. Vistas al Tajo. Es un apartamento muy agradable, aunque algo frío en invierno.

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