Todo tiempo pesado (11): Decisiones

En el capítulo anterior: Miren y Santi recuperan el contacto después de su aparente ruptura.

 

-¿Qué tal estás? -le pregunté a Miren, ahora que volvían a estar abiertos los canales de comunicación.

-¿Lo preguntas de verdad, o lo preguntas por preguntar?

-De verdad.

-Pues estoy bien, aunque un poco enfadada contigo.

-Yo también estoy un poco enfadado contigo, pero solo un poco.

-Entonces, estamos en paz.

-¿Y aparte de eso, cómo estás? ¿Has dejado el trabajo al final?

-Todavía no, pero voy a dejarlo.

-¿Y eso, por qué?

-Pues porque no aguanto más, Santi. No aguanto más. Cada día que paso en la tienda sonriendo a los turistas y vendiéndoles postales de Puppy me dan ganas de pegarme un tiro.

-Bueno, pues entonces… está claro, ¿no?

-Ya, pero no está tan claro. Porque es dejar un trabajo, ahora que es tan difícil encontrar un trabajo. Es decirles a mis padres que estoy otra vez en el paro, y si no consigo otro trabajo pronto, volver a vivir con ellos otra vez, a lo mejor… No es tan fácil, no…

-Pero si trabajar donde trabajas te tiene amargada…

-¿Sabes lo que pasa? Que a veces miro a mis amigas, con sus trabajos convencionales, sus maridos, sus hipotecas, sus niños monísimos, y pienso, ¿y por qué yo no? ¿Qué he hecho mal? ¿Qué me pasa? ¿Cuándo Y otras veces en cambio miro a mis amigas, con esos mismos trabajos, con esos mismos maridos, con sus hipotecas y sus hijos monísmos y pienso: “Yo no quiero esta vida para mí, yo con esa vida no sería feliz”. Es complicado…

-¿Y entonces qué vas a hacer?

-No lo sé. Creo que para empezar voy a pedirme unas vacaciones, o una baja, lo que sea, para tomarme un tiempo para pensar.

-Me parece bien. En tiempo de tempestad, no hacer mudanza, que decía San Ignacio.

-¿Quién?

-San Ignacio, el de los jesuitas.

-No, no, si ya.

Se hizo una pausa en la conversación, como si Miren estuviera pensando qué escribir, o si debía escribir lo que estaba pensando. Y luego:

-Oye, ¿y qué te parecería si te fuera a visitar a Lisboa?

-Creía que seguías enfadada conmigo.

-Y sigo enfadada. Pero necesito salir de aquí, y la cosa está entre el idiota de mi exnovio en Munich, o tú.

Era una mala idea, claramente; era una idea horrible. Solo cabían dos posibilidades, no mutuamente excluyentes: que Miren y yo volviésemos a discutir y nos pasásemos el tiempo enfurruñados y en habitaciones distintas, o que las cosas fueran bien, yo siguiese haciéndome ilusiones e imaginando cosas y Miren pasase de mí, como hasta ahora. En el peor caso, las dos cosas juntas: Miren enfadada en el sofá del salón, y yo pensando en ella a solas en el dormitorio. Así que era una idea absurda, solo había una respuesta posible.

-Claro, mujer, vente cuando quieras, ya sabes que aquí tienes casa…

 

En el próximo capítulo: Miren visita a Santi en Lisboa

Anuncios

2 pensamientos en “Todo tiempo pesado (11): Decisiones

  1. Pingback: Todo tiempo pesado (10): Rupturas | Como un libro abierto

  2. Pingback: Todo tiempo pesado (12): Lisboa | Como un libro abierto

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s