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Hoy me ha parecido verte en Buenos Aires. No eras tú, claro, sino una chica que vista desde atrás y en determinado ángulo y bajo determinada luz, se parecía lo bastante a ti como para confundirme. Pero no eras tú, porque no podías ser tú.

He decidido seguirte, a ti que no eras tú, durante una pocas cuadras, para ver hacia dónde ibas. En un momento dado me ha parecido que me veías (tú que no eras tú), pero realmente solo estabas asegurándote de que no venía ningún coche antes de cruzar la avenida. Este tú que no eras tú tenía tus mismos ojos. La nariz era algo distinta, más aguda; le daba a la cara una expresión de severidad que la tuya no tiene.

Después de seguirla durante un par de minutos me ha dado miedo que se metiera al subte y la perdiera definitivamente, así que aprovechando un semáforo me he puesto a su altura y la he abordado.

-Perdona -le he dicho-, ¿sabes si por aquí pasa algún colectivo que lleve a la Boca?

Mientras esperaba su respuesta he podido mirarla mejor. En realidad, vista de cerca y de frente este tú que no eras tú se parecía cada vez menos a ti. La cara era más larga, menos redonda; los ojos eran los mismos, sí, pero no su expresión.

-Podés tomar el 152, del otro lado de la avenida -me ha contestado.

Por un momento se me ha pasado por la mente la idea de invitarla a un café con medias lunas; de intentar reatar con ella -con esta versión argentina tuya algo desdibujada- lo que se rompió contigo. “Gracias por la información, ¿qué te parece si te la agradezco con un café?”, podría haber dicho. Y ella podría haber dicho que sí, y podríamos habernos tomado ese café e intercambiado historias y a ella le habría hecho gracia mi acento y a mí el suyo me habría parecido de lo más sensual, luego, más tarde, a oscuras, en su departamento.

Pero no lo he dicho, claro. Le he dado las gracias al tú que no eras tú y la he visto perderse entre el gentío, caminando con paso rápido y decidido, y me he acordado de que una vez también a ti te vi marcharte así, aunque aquella vez era mayo y hacía calor y estábamos solos en una calle vacía, y no estábamos en Buenos Aires.

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