Quemadura

Allá donde te toco se abre una llaga. Te acaricio y te sajo. Surcos. Me pides que siga, que no pare. Yo no quiero parar, tampoco quiero seguir, pero sigo. Nos besamos y los labios se te abren, como quemados por el frío. Te desnudas de tu propia piel. Gimes, de dolor, de placer, gimes. Frente a mis ojos, entre mis brazos te desangras y te descompones. “Lo siento”, te digo, “lo siento”. “Nunca te perdonaré”, me contestas con una sonrisa. Nos abrazamos, tu cuerpo arde y se convierte en ceniza.

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