Manga/o

Una tarde, cuando volví a casa después del trabajo, me encontré a Alicia sentada en la mesa de la cocina, comiendo un mango. Lo había pelado antes, ahora cortaba los pedazos alrededor del hueso y se los llevaba a la boca con el propio cuchillo. De la sorpresa, me quedé plantado en la puerta. Ni siquiera contesté a su saludo de bienvenida.

-¿Qué es eso que estás comiendo? -le pregunté.

-Un mango -contestó Alicia con una sonrisa.

-Sé que eso es un mango. Sé lo que es un mango, y sé que eso es un mango. Pero vuelvo a preguntarte: ¿qué es eso que estás comiendo?

Alicia me miró como si estuviera loco. ¡Yo!

-¡Ya te lo he dicho, un mango!

-Pero eso es imposible. A ti no te gusta el mango. Nunca te ha gustado.

-¿Ah, no? No lo sé, no me acuerdo. Pero ahora me gusta.

-No es solo que no te gustase, ¡es que lo odiabas!

-Hombre, odiar, odiar…

-Sí, odiar, odiar. ¿No te acuerdas? Hubo un día, ¿de verdad no te acuerdas?, que yo preparé la cena, y de postre puse un mango, pelado y cortado en pedazos. ¿De verdad no te acuerdas?

-No… Pero tampoco veo…

-¡Te pusiste como loca! Cogiste los pedazos de mango y los estrujaste con una rabia… El jugo del mango te corría por las manos, por los brazos… las ropas…

-¿Qué estás diciendo?

-Me mirabas con un odio que parecía que se te iban a salir los ojos. Se te marcaban los tendones y las venas del cuello…

-¡Eso nunca pasó! ¡Te lo estás inventando!

-¡No estoy inventando nada! Y luego me dijiste: “Que sea la última vez que me pones delante esta puta mierda de fruta”. Eso me dijiste.

-¡Eso es mentira! ¡Yo nunca dije eso!

-¡”Esa puta mierda de fruta”! ¡Palabras textuales!

-¡Estás inventándotelo todo! ¡Yo nunca dije eso! ¡Yo nunca diría eso!

-¡Lo dijiste! ¡Lo dijiste! ¡No intentes negarlo ahora!

-¿Estás loco?

-¿Me estás llamando loco?

-¡Me estás asustando!

-¿Te estoy asustando? ¿Te estoy asustando? ¿Vas a echarte a llorar como una niña?

-¡No! -contestó Alicia, y luego:- ¡Sí! -y luego, con rabia- ¡No!

Y con un movimiento decidido se metió otro pedazo de mango en la boca, masticándolo con gesto desafiante. Aunque, como dice Alicia, a lo mejor nada de esto ocurrió realmente y me lo estoy inventando todo. No lo sé.

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Un pensamiento en “Manga/o

  1. ¡Qué mala persona eres, Santi! ¡Nadie odia el mango, so mentiroso!
    (Alicia, cielo, yo te comprendo; ea, ea, no tengas miedo; sigue con tu mango, mi niña, ¡y ni caso le hagas al tío loco de la puerta!).
    ¡Perturbado, deja a la pobre Alicia en paz con su delicioso y pringoso y resbaloso y escapista y escurriente mango!

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