Todo tiempo pesado (6): Creatividad

En el capítulo anterior: Miren y Santi se sinceran sobre la relación que mantuvieron muchos años antes.

 

En una de aquellas conversaciones nuestras, Miren me reconoció que en realidad todavía pintaba. Bueno, dibujaba, más bien. Había vuelto a pintar después de varios años de inactividad, porque había descubierto que lo necesitaba, de alguna forma que no sabía concretar. Luego fotografiaba sus dibujos, o los escaneaba si tenía cómo, y los colgaba en un blog, o mejor dicho un Tumblr. Había en esto algo de contradictorio: por una parte colgaba los dibujos en internet, pero al mismo tiempo no había nada en aquella página que permitiera relacionarla con ella: ni un nombre, ni un email, ni una foto, nada.

El Tumblr se llamaba Guerrillas Clandestinos. Así, con error de concordancia. Le pregunté por qué se llamaba así. Me dijo: “Para molestar a los nazis gramaticales como tú”.

Comparado con las obras de Miren que conocía de su época universitaria, aquellos dibujos eran más convencionales, casi diría que más comerciales, lo que me llevaba a plantearme si Miren se había traicionado a sí misma, o si por el contrario se había aceptado a sí misma. Los dibujos, por otro lado, variaban entre dos estilos: uno que tendía a la abstracción geométrica, con líneas de distintos grosores que se cruzaban insinuando redes o matrices, que es una palabra más de moda; y otro más realista, detallado, figurativo, en el que había muchos retratos. Entre los retratos había unos cuantos masculinos, y entre los retratos masculinos había unos cuantos desnudos. Explícitos y detallados.

Aquello me molestaba un poco, y me molestaba que me molestase porque soy un hombre del siglo XXI, civilizado, culto, impenetrable, posmoderno y cómodo con su sexualidad y su lado femenino y su niño interior y demás. La visión de un pene erecto y unos testículos peludos dibujados en una página de papel que luego ha sido escaneada o fotografiada y colocada en una página web no debería provocarme ningún tipo de reacción. Pero lo provocaba. Una cierta incomodidad. Querer mirar para otro lado pero al mismo tiempo obligarme a mirar, porque ¿por qué tendría que mirar para otro lado?

Por supuesto que mi incomodidad tenía que ver, por lo menos en parte, con Miren. Con el hecho de que los ojos de Miren hubieran mirado aquellos cuerpos, que parecían mucho más jóvenes y trabajados que el mío, para qué vamos a engeñarnos, y que las manos de Miren hubieran cogido un lápiz y hubieran recorrido -metafóricamente- las líneas de aquel cuerpo. Y la posibilidad de que no las hubieran recorrido solo metafóricamente.

Lo cual, claro, era una tontería. El perro del hortelano, que ni tiene una relación con Miren ni deja que Miren pinte penes erectos.

Esa noche no me resistí. Le dije a Miren que había visitado su web de dibujos. Le hice algunos elogios banales (“tienes mucho estilo, dibujas muy bien, me recuerda a tal pintor y a tal otro”, blablabla) y luego me lancé a lo que me interesaba, fingiendo que no me interesaba en absoluto.

-Ya he visto también que hay unos cuantos desnudos, jejeje.

(Regla de oro: cualquier frase peligrosa se vuelve inofensiva si se le añade un “jejeje” al final).

-Sí, ¿por?

-No, por nada. Están muy bien.

-Gracias.

-No, los modelos, digo. ¿Son algunos de tus ex-novios? Jejeje.

-Santi, no preguntes tonterías -contestó Miren, que afortunadamente añadió un smiley con un ojo guiñado al final.

La conversación cambió de rumbo y yo me quedé con ganas de preguntarle más sobre los penes erectos y los testículos peludos. En vez de eso acabamos hablando de arte y de influencias y de la muerte del autor y cosas que normalmente me habrían parecido interesantísimas, si en una pantalla más pequeña no tuviera abierto el Tumblr de Miren, lleno de pollas y culos. Es un decir.

(Si hubieran sido tetas y culos, sospecho, me habría importado menos. Mucho menos).

Unos días más tarde, igual para compensar, Miren me dijo que había estado leyendo mi blog. (Yo ya lo sabía, o lo sospechaba, porque había notado una importante subida de las visitas desde el País Vasco en los últimos días).

-¿Y qué te parece? -le pregunté.

Me hizo unos cuantos elogios banales (“tienes estilo, escribes muy bien, me recuerdas a tal escritor y a tal otro”, blablabla), y luego se lanzó de cabeza a lo que le interesaba.

-Oye, y esa Alicia de la que hablas en los cuentos, ¿es real?

(Solo le faltó terminar con un “jejeje” al final de la frase).

-Si te contestase a eso tendría que matarte -le respondí.

-Jajaja. No, en serio, tengo curiosidad, ¿Alicia existe?

-¿Y ahora quién es la que pregunta tonterías?

Me contestó con una sonrisa, y así nos quedamos. Empate a uno. Luego le dije, para cambiar de tema: “Oye, nunca me contaste tu vida, como me prometiste”.

-¿De verdad quieres que te lo cuente?

-Sí.

-Esta bien, tú lo has querido.

Y me lo contó, en un largo mensaje que me llegó al día siguiente. Pero eso mejor lo dejamos para la próxima entrada.

 

En el próximo capítulo: Miren cuenta su vida

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3 pensamientos en “Todo tiempo pesado (6): Creatividad

  1. Pingback: Todo tiempo pesado (7): Miren cuenta su vida | Como un libro abierto

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