Viaje [No]

Llegamos a Praga el viernes. [Nunca has estado en Praga.] Hacía algo de viento y tuvimos un aterrizaje algo movido, presagio del resto del fin de semana. [¿Por qué mientes?] Al salir del aeropuerto cogimos un autobús, lleno de turistas, maletas y olores a sudor. [Ese autobús lo cogiste, pero no en Praga.] La ciudad se abría ante nosotros majestousa, imperial, oscura. [¿Qué ciudad?] En el hotel nos esperaba una carta de nuestro guía para el fin de semana. [¡No hubo carta! ¡No había carta! ¡Nunca ha habido ninguna carta!]

“Estimados señores Pérez Isasi,

siento no poder recibirles a su llegada al hotel, como pretendía. Dificultades familiares imprevistas me han obligado a volver a casa. Si lo desean, la agencia les proporcionará un guía alternativo para esta noche. En caso contrario, mañana por la mañana pasaré a buscarles a las diez de la mañana, para comenzar nuestra visita a la ciudad.

Pido disculpas una vez más por este contratiempo, que espero que no les cause ningún inconveniente.

Un saludo,

Jan Novicek”

[Una vez recibiste una carta que decía: “Por favor, deja de llamarme. No quiero tener que denunciarte por acoso. Me das miedo. Estás loco. Déjame en paz”. Esa carta sí la recibiste.]

A la mañana siguiente, nos despertamos descansados e impacientes por empezar la visita. [Tú nunca has estado en Praga]. ¡Qué placer disfrutar de un buffet de desayuno, cuando se está en el extranjero! [Imbécil.] Eran las diez menos cinco cuando nos sentamos en los sillones del hall del hotel a esperar a Jan, nuestro guía. [A esa hora realmente estabas en tu cuarto, encerrado, a oscuras, con las persianas bajadas.] Esperamos un cuarto de hora, media hora, una hora. [¿Por qué hablas en plural? ¿Quién está contigo?] No vino nadie. [Nadie.]

Le preguntamos al recepcionista si había algún otro mensaje para nosotros. [Una vez recibiste un mensaje que decía: “Eres un cerdo”.] No lo había. [Una vez recibiste un mensaje que decía: “Quiero que me hagas gritar”] Le pedimos que lo comprobase. [Una vez recibiste un mensaje que decía: “Te quiero”]. Nada. [Una vez recibiste un mensaje que decía: “Las facturas del hospital las vas a pagar tú, cabrón”.]

Intentamos llamar a la agencia, pero por algún motivo nuestros teléfonos móviles no funcionaban. [¿Con quién quieres hablar?] Le pedimos al recepcionista que nos dejase usar el teléfono de la recepción. [Hablas solo]. “No puedo”, nos dijo, “no estoy autorizado”. [No tienes nadie a quien llamar] Subimos al cuarto con la intención de usar el teléfono, pero cuando llegamos nos dimos cuenta ¡de que no había un teléfono en el cuarto! [¡Eres imbécil!]

Volvimos a bajar a la recepción. [Nunca has estado en Praga.] “Disculpe”, le dijimos al recepcionista, “pero hemos visto que no tenemos teléfono en el cuarto”. [Tú estás en el extranjero en cualquier parte.] “Sí”, nos contestó, “lo siento mucho. Son políticas del hotel, recomendadas por el gobierno. Se desaconseja cualquier comunicación entre los turistas y la población local. Es por su seguridad”, nos dijo. [Se desaconseja cualquier comunicación.]

“Está bien”, dijimos, y nos dirigimos a la puerta. [Hecho un ovillo, temblando.] No conseguimos llegar a la puerta: el recepcionista salió corriendo detrás de nosotros y se interpuso en nuestro camino. [Una vez te clavaron un cuchillo en la mano, y no fue un accidente.] “No pueden salir”, nos dijo, “lo siento, pero no se permite que los turistas salgan del hotel si no son acompañados por un guía local”. [Una vez alguien se abrazó a ti tan fuerte que te cortó la respiración.] “¿Cuándo podremos salir?”, preguntamos. [Una vez moriste.] “Cuando llegue su guía”, nos contestó. [¿Por qué mientes?]. “¿Y si no llega?” [No.]

El recepcionista se encogió de hombros. [Tú nunca has estado en Praga. Ni en Viena. Ni en Budapest.] Así que nos volvimos a sentar en el sillón, viendo cómo la ciudad imperial se escondía de nuestra vista al otro lado de una puerta que no podíamos atravesar.

[Vete a la mierda. Todos sabemos hacia dónde va esto. Nosotros también hemos leído a Kafka. Vete a la mierda. Imbécil.]

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2 pensamientos en “Viaje [No]

  1. “- Pra onde vão os trens, meu pai? Para Mahal, Tamí, para Camirí, espaços no mapa, e depois o pai ria: também pra lugar algum meu filho, tu podes ir e ainda que se mova o trem, tu não te moves de ti.” (Hilda Hilst)

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