Por la abolición del siglo XVIII (Una humilde propuesta)

En vista de su escasa relevancia histórica, cultural y literaria; del poco interés que provoca en historiadores, investigadores y académicos (lo que sin duda es significativo de algo, aunque no está muy claro de qué), y considerando que en tiempos tan acelerados como los nuestros es necesario establecer prioridades y realizar selecciones a menudo dolorosas, los abajo firmantes PROPONEMOS LA ABOLICIÓN DEL SIGLO XVIII en su totalidad, y su desaparición de las historias generales y específicas.

Para evitar un extraño y poco práctico salto entre los años 1700 y 1801, se propone la sustitución de todas las fechas de 1801 en adelante, por las correspondientes a partir de 1701. Así, las guerras napoleónicas tendrían lugar en 1702-1714; las revoluciones liberales, en 1730, 1748, 1768… La primera Guerra Mundial pasaría a desarrollarse entre 1814 y 1818, y la segunda, entre 1839 y 1845, etc. Actualmente estaríamos, según la nueva numeración, en el comienzo del siglo XX (lo que podría provocar inicialmente cierta perplejidad, pero a todo se acostumbra uno).

Naturalmente, esta alteración exigirá algunos ajustes en diversas áreas:

  • Los pocos eventos históricos relevantes del siglo XVIII, como la Revolución Francesa o la Independencia de los Estados Unidos, podrán acomodarse sin grandes problemas en los siglos anteriores y posteriores.
  • En el campo de la historia del Arte (pintura, arquitectura, escultura), podrán adscribirse al Renacimiento del Siglo XVI la mayoría de las obras, sin que nadie note la diferencia. Lo mismo con la historia de la filosofía: ¿por qué no pueden Rousseau, Montesquieu o Diderot contemporáneos de Machiavello?
  • En el campo de la literatura el siglo XVIII puede desaparecer sin que nadie lo eche demasiado de menos.
  • La historia de la música necesitará mayores ajustes: no parece que se pueda reescribir ignorando a Haydn, Mozart o al joven Beethoven. Se propone por lo tanto, en este caso concreto, adelantar cien años todo el relato histórico: Shostakovich nació en 1806; Mahler, en 1760; Beethoven, en 1670, etc. No hay duda de que eso provocará incongruencias, porque el barroco musical no coincidirá con el barroco pictórico, por ejemplo, o porque la música renacentista pasará a hundirse en la Edad Media; pero en todo caso nadie escucha música compuesta antes de Bach o Vivaldi, así que…
  • En el caso de la historia de España, no resultará muy difícil mezclar la Guerra de Independencia con la Guerra de Sucesión, y seguir a partir de ahí. Con lo poco que la gente sabe sobre historia española, a muchos les parecerá que nada ha cambiado.

Naturalmente, estos cambios provocará perplejidad y alguna incomodidad en los primeros tiempos, pero también traerán numerosas, innegables ventajas:

  • Se ahorrará espacio en las bibliotecas, al desaparecer todos los libros escritos en el siglo XVIII. Es verdad que no se ahorrará mucho espacio, porque durante el siglo XVIII no se escribió casi nada digno de mención, pero algo será.
  • Se ahorrará tiempo. Cien años, para ser exactos.
  • La reforma tendrá también beneficios ecológicos: las páginas dedicadas al siglo XVIII en obras ya publicadas podrán ser arrancadas y recicladas; las obras nuevas directamente se ahorrarán esas páginas o podrán dedicarlas a cosas más productivas. Bosques enteros pueden salvarse de esta forma.
  • Eliminar un siglo, por muy absurdo que sea, ahorrará también esfuerzos, preocupaciones y traumas a las futuras generaciones de estudiantes. Menos horas de estudio son más horas de juego, de socialización, de felicidad en definitiva.

En caso de ser exitosa, no se descarta pedir la ampliación de esta medida a otras épocas igualmente absurdas, como los siglos II-VIII. Pero hay que comenzar por lo verdaderamente importante, por lo auténticamente obvio.

 

¡Borremos el siglo XVIII! ¡Por nuestros hijos!

Para unirte a esta urgente  e importante iniciativa, envía un email a borremoselsigloxviii@gmail.com con tus datos. ¡Te necesitamos! ¡Tú nos necesitas! ¡Y lo sabes!

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Un pensamiento en “Por la abolición del siglo XVIII (Una humilde propuesta)

  1. ¡A las barricadas, a las barricadas…!
    Mi hijo, estudiante que finaliza la Secundaria, APOYA FIRMEMENTE ESTE MANIFIESTO.
    (Yo me limito a morirme de risa mientras leo este blog, una vez más).

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