El rey de Ruritania

¿Tenía rey Ruritania? Es díficil decirlo con certeza. Los propios historiadores están divididos en dos grupos: los que no lo saben y los que no les importa. Debemos por lo tanto recurrir, una vez más, a la conjetura, a la reconstrucción y, por qué no decirlo, a la imaginación.

Lo que es seguro es que cada cierto tiempo (quince, treinta, cuarenta años) una pequeña procesión recorría Burgund, formada por un grupo de personas elegantemente vestidas que llevaban a hombros a un hombre engalanado con un cucurucho con orejas de burro. “Están coronando a otro rey”, solía comentar alguien, pero es imposible saber si era así, o si se trataba de alguna broma, carnaval o despedida de soltero. (De ahí, quizás, que el cucurucho con orejas de burro sea uno de los emblemas de Ruritania)

Había quien afirmaba que en una de las alas del viejo castillo, que incluso los más viejos del lugar recordaban ya en ruinas, vivía un señor muy viejo (siempre era un señor muy viejo, aunque no fuera siempre el mismo señor muy viejo) que se hacía llamar rey y al que atendía una veintena de criados mal alimentados y peor vestidos. De dónde venía su supuesta autoridad real, o si esta autoridad real era real, nadie lo sabía, como tampoco sabían de dónde sacaba el supuesto rey el supuesto dinero para pagar a su supuesto séquito.

(Sin embargo, cada cinco años pagaban religiosamente un impuesto especial monárquico sin hacer demasiadas preguntas, porque pensaban que en realidad se lo quedaba el Emperador, o en su defecto cualquiera de los cuatrocientos burócratas intermedios que había entre ellos y el Emperador).

Aparte de esto, para sus supuestos súbditos, la existencia o inexistencia del rey no tenía demasiadas consecuencias: de cuando en cuando aparecían, es verdad, papeles con edictos reales clavados en las puertas de las casas, pero solían contener órdenes tan absurdas o tan obvias que nadie les hacía demasiado caso: en 1562, el rey de turno ordenó a los ruritanos respirar; en 1613, les ordenó levantarse de la cama antes de volver a acostarse; en 1712, prohibió que ningún hombre o mujer o animal o cosa mantuviese relaciones con un mamut. Y así todo.

Aunque no se sabe si en algún momento existió un rey en Ruritania, lo que sí se sabe es que cuando estalló la Revolución Huérfana de finales del siglo XIX los nacionalistas ruritanos no tenían memoria de que en algún momento hubiera existido una cosa llamada monarquía. De hecho, no tenían memoria de que hubiera existido una cosa llamada Ruritania hasta ese momento. Cuando, ya en el siglo XX, comenzaron las obras -nunca terminadas- destinadas a convertir el castillo en una atracción turística, en una de las cámaras más bajas, donde debería haber estado la cuadra en cualquier castillo normal, encontraron el esqueleto de lo que parecía un señor muy viejo, y una importante colección de orejas de burro momificadas.

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