La niebla

Esta noche ha caído la niebla, lo que quiere decir que con los nervios ya no vamos a conseguir dormir nada. También quiere decir que ahí donde hoy se veía el río, mañana ya no se verá el río.

Una vez cayó la niebla, y cuando despertamos se veía, al fondo, el skyline de Nueva York. Fuimos felices durante un tiempo, hasta que volvió a caer la niebla. Nos dio mucha pena. Otra vez en cambio al levantarse la niebla nos encontramos en medio de una llanura enorme completamente nevada. Afortunadamente, la niebla volvió a caer a la noche siguiente, así que ni siquiera llegamos a saber en qué país estábamos.

Lo normal es que no reconozcamos el lugar donde nos ha dejado la niebla, o mejor dicho (no sé), el lugar que la niebla nos ha concedido. Puede ser un bosque, una campiña, una montaña, un barrio, una playa. Puede ser hoy o hace cinco años o dentro de doscientos o nunca. Con la niebla nunca se sabe.

Qué felices viven los que creen que hay una continuidad en el tiempo y en el espacio; qué felices, y qué engañados.

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