Todavía sobre el tío Ramiro

Hay todavía una pregunta, en relación con el tío Ramiro, que me atormenta. Es esta: ¿fue feliz el tío Ramiro? ¿Se puede dedicar la vida a la propia autosatisfacción, sin importar el sufrimiento y el dolor que eso causa a tu alrededor, y ser feliz? ¿Puede una mala persona ser feliz? ¿Vivir feliz? ¿Morir feliz?

Creo que a todos nos gustaría pensar que no: que las malas personas no pueden ser felices, porque no merecen ser felices. Que hay algún tipo de ley universal, moral, social o psicológica que hace que las malas personas sean infelices; o inversamente, que las personas son malas porque son infelices.

La verdad es que no tengo forma de responder a esta pregunta. Si el tío Ramiro estuviera vivo, podría preguntarle, pero no sé si me respondería o me miraría con sorpresa o desprecio; y aunque me contestase, ¿podría fiarme de su respuesta? A lo mejor me habría respondido que sí, que era feliz, por una simple cuestión de orgullo o para quitarse de encima al sobrino raro que hace preguntas incómodas.

Es cierto que el tío Ramiro se reía poco, pero tampoco sé si existe una correlación directa entre risa y felicidad. Sospecho que hay personas muy infelices que se ríen mucho, y viceversa. En vez de eso, el tío Ramiro solía mirar el mundo con un media sonrisa de superioridad, como un rey en su trono. No reía mucho, pero tampoco lo vi llorar nunca: ni cuando murieron sus padres, ni cuando murió su hermana, mi abuela, ni por supuesto cuando murió su mujer, a la que despreciaba. Quizás un hijo podría haberle dulcificado el carácter; quizás por eso nunca tuvo hijos.

El tío Ramiro quería poder, hizo todo lo que pudo para conseguirlo, lo consiguió. ¿Por qué no iba a ser feliz?

Ya he dicho también que el tío Ramiro murió sin recibir ningún tipo de castigo por sus malas acciones: sus crímenes, públicos y privados, se los llevó a la tumba tan ricamente. Sí, claro, a todos nos gustaría pensar que existe una autoridad superior capaz de juzgarlo; a quienes creen en la reencarnación o en el Cielo y el Infierno les consolará pensar que ha recibido su castigo en (la) otra vida. Pero a mí, sinceramente, usar a mi tío Ramiro para justificar la existencia de Dios me parece un poco excesivo.

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