Gorduras

Tres hombres rodean una mesa-camilla, en la que está tumbado un cuarto hombre, de unos cincuenta años y moderadamente gordo. Al fondo, otro hombre vestido con un mandil blanco afila un cuchillo de carnicero.

HOMBRE 1: Bueno, qué tenemos aquí.

El HOMBRE 2 pellizca los michelines del hombre tumbado.

HOMBRE 2: Grasa… Mucha grasa… Demasiada grasa…

HOMBRE 3: Este señor ha estado sobrealimentándose. Tsche, tsche, tsche.

EL HOMBRE TUMBADO: No… yo no…

HOMBRE 2: No nos mienta. Su cuerpo habla por usted.

HOMBRE 1: ¿Había necesidad de comer de esa forma? Diga, ¿había necesidad?

HOMBRE 2: No diga que no podía vivir con una sopita y una ensalada de lechuga… Y ha estado comiendo chuletones de novillo como si no hubiera otra cosa en el mundo.

EL HOMBRE TUMBADO: ¡Para nada! ¡Yo como con moderación! Lo que pasa es que… a partir de cierta edad…

HOMBRE 3: Tonterías, estas grasas no se consiguen comiendo con moderación.

HOMBRE 2: Es usted un tragaldabas.

HOMBRE 1: Un comilón.

HOMBRE 3: Reconózcalo.

EL HOMBRE TUMBADO: ¡Que no! ¡Por favor! Pero si ustedes están más gordos que yo!

HOMBRE 1: La gordura, buen señor, no es una escala uniforme y universal, sino que se establece proporcionalmente.

EL HOMBRE TUMBADO: ¿Proporcionalmente a qué?

Se hace un silencio.

HOMBRE 1: Hace usted demasiadas preguntas.

HOMBRE 2: Un hombre tan gordo como usted no debería hacer tantas preguntas.

HOMBRE 3: No es bueno para usted.

HOMBRE 2: Es peligroso para usted.

HOMBRE 1: Porque lo que es indudable es que está usted gordo.

HOMBRE 2: Demasiado gordo

HOMBRE 3: Incontestablemente gordo.

HOMBRE 1: Y por su culpa.

HOMBRE 2: Por su culpa.

HOMBRE 3: Por su gran culpa.

HOMBRE 1: Y por lo tanto, hay que cortar.

EL HOMBRE TUMBADO: ¿Cortar?

HOMBRE 1: Cortar.

HOMBRE 2: ¡Ramiro! ¡Venga aquí!

El hombre del cuchillo carnicero se acerca a la mesa.

RAMIRO: ¿Qué se les ofrece a los señores?

EL HOMBRE TUMBADO: ¿Qué van a hacer? ¿Qué van a hacer? ¡No, por favor! ¡¡¡No!!!

HOMBRE 3: No levante la voz, señor, no es de buena educación levantar la voz.

HOMBRE 1: Ramiro, por favor, corte cuarto y mitad de grasa suprabdominal.

RAMIRO, mirando al hombre tumbado: Lo siento, señor… No es nada personal… Solo es mi trabajo.

EL HOMBRE TUMBADO: ¡¡¡Cabrones!!! ¡¡¡Asesinos!!! ¡¡¡Hijos de puta!!!

Ramiro corre una cortinilla que tapa la mesa y al hombre tumbado.

HOMBRE 1, al hombre 2 y al hombre 3, ignorando al hombre tumbado: Desde luego, cómo gritan. Qué incómodo.

HOMBRE 2: Y lo ponen todo perdido de sangre.

HOMBRE 3, sacudiéndose de la manga una manchita roja: No se dan cuenta de lo molesto que es.

HOMBRE 1: Nunca nos lo agradecerán.

HOMBRE 2: No se dan cuenta de que es por su bien.

HOMBRE 3: De que no saben cuidarse a sí mismos.

HOMBRE 1: Si no lo hiciéramos nosotros…

HOMBRE 2: ¡… el acabóse!

De fondo siguen oyéndose los gritos del hombre tumbado. La cortina se mancha de salpicaduras de sangre. Luego, se hace el silencio.

RAMIRO, apareciendo desde el otro lado de la cortinilla: Ya he terminado, señores. ¿Quieren que me lo lleve, como siempre?

HOMBRE 1: Sí, sí, lléveselo, por favor.

HOMBRE 2: ¿Para qué queremos nosotros verlo, ahora que ya lo hemos curado?

HOMBRE 3: ¡Pero deje aquí la grasa sobrante!

El Hombre 1 y el Hombre 2 lo miran.

HOMBRE 3: Estaba yo pensando…

HOMBRE 1: Diga, diga…

HOMBRE 2: Creo que todos estamos pensando lo mismo.

HOMBRE 3: Estaba yo pensando que sería una pena desaprovechar esa grasa.

HOMBRE 1: Grasa perfectamente utilizable.

HOMBRE 2: Perfectamente válida.

HOMBRE 3: No en el cuerpo de ese hombre, claro.

HOMBRE 1 y HOMBRE 2: ¡Claro!

HOMBRE 3: Pero si fuéramos nosotros los que la… aprovecháramos…

HOMBRE 1: Eso sería un caso completamente diferente.

HOMBRE 2: La gordura no es algo objetivo y universal, sino proporcional.

HOMBRE 1: Y nosotros proporcionalmente…

HOMBRE 3: ¡Somos muy proporcionales!

Se hace un silencio.

HOMBRE 1: ¡Señores, a ello!

Los tres hombres desaparecen detrás de la cortinilla. Se oye el ruido de labios que sorben, dientes que mastican. Risas.

Un hombre moderadamente gordo entra por la puerta.

HOMBRE MODERADAMENTE GORDO: Perdone, ¿es aquí la evaluación de aptitud física?

HOMBRE 1, con la boca llena: Sí, sí, es aquí, por favor, espere fuera un par de minutos y ya le avisamos.

El hombre sale. Del otro lado siguen llegando ruidos y risas.

Anuncios

3 pensamientos en “Gorduras

    • Ya lo siento, a veces me salen cuentos un poco desagradables, ya lo sé. No puedo prometer que dejen de ocurrírseme. Pero intentaré intercalarlos con otros más bonitos, o más ligeros 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s