Yo no he escrito esto

Hace poco, en un congreso de literatura al que asistí, se me acercó un chico en uno de los coffee breaks para decirme que me conocía. A mí, la verdad, su cara no me sonaba, y se lo dije.”Lo siento, pero… ¿dónde hemos coincidido? ¿En algún congreso? ¿En Irlanda? ¿En Portugal?” “No”, me contestó, “te conozco del blog”. “Ah, de Un libro al día, claro”. “No, de Como un libro abierto“. “Ah”, contesté. No sabía qué más decir. “Antes te leía siempre, todos los días. Bueno, cada vez que escribías algo. Hasta que publicaste aquella entrada horrible”. “He publicado bastantes entradas horribles”, le dije de broma, “¿a cuál te refieres?”. “A aquella. A la que… ya sabes a la que me refiero. A aquella… horrible. Espantosa. Aquella”. “Pues no, no sé a cuál te refieres”. “Creo que se titulaba… ‘El destrozo’, o algo así. Te tienes que acordar. Era horrible, horripilante. Después de esa entrada, dejé de leerte. Una buena persona no puede escribir una entrada así”. Hice memoria. No recordaba haber escrito ninguna entrada titulada ‘El destrozo’, pero con tanta entrada en tantos años, era posible… “¿De qué iba?, le pregunté a mi nuevo amigo. “No, no puedo reproducirlo. Luego la busco en internet y te la enseño, para que te acuerdes”.

Nos despedimos con un “hasta luego” y cada cual siguió su camino en el congreso. Hubo algunas charlas interesantes, en otras simplemente me dediqué a escribir relatos horribles. Y luego, en el coffe break de la tarde, se me volvió a acercar el mismo chico. “Aquí está”, me dijo, y me dio una hoja de papel. “El destrozo”, decía. El encabezamiento era, desde luego, el del blog. El estilo parecía el mío. Los personajes se llamaban Santi y Alicia, pero no podían ser el mismo Santi y la misma Alicia: yo nunca le habría hecho a Alicia, ni en la ficción, las cosas que Santi le hacía en este cuento. Algunos párrafos me revolvieron el estómago. (¡A mí!). De repente, estaba sudando.

“Yo no he escrito esto”, le dije por fin, después de leerlo. “Tiene que ser cosa de un imitador. ¿Dónde lo has encontrado?”. “En tu blog, ya te lo he dicho”. “No puede ser. Yo no he escrito esto”. “Qué fácil es decir ‘yo no he escrito esto'”, me dijo el chico, bastante indignado. “Crees que lo que escribes no tiene consecuencias, que no tienes responsabilidades. Pero todo tiene consecuencias. No se puede borrar el pasado. Tú escribiste esto. Tú fuiste, en algún momento, una persona lo bastante repugnante como para escribir este texto. No intentes ahora negarlo”. Y luego, cuando ya casi se iba, se giró y añadió: “Por cierto, conseguiste lo que querías: Alicia está destrozada”.

Ya no pude asistir a más sesiones del congreso. Corrí al hotel, conecté mi ordenador y busqué en el blog. No existía ninguna entrada titulada “El destrozo”. En cambio, sí aparecía en la caché de Google. Comparé la hoja con la pantalla: era el mismo texto. Tenía mi estilo, tenía mis huellas por todas partes. Pero yo no lo había escrito. Yo no escribí aquel texto. No solo no recordaba haberlo escrito: tampoco me reconocía en él. Si alguna vez había podido escribirlo, entonces yo era un monstruo; lo había sido, por lo menos durante un día de mi vida.

No, yo no había escrito aquello. Intenté tranquilizarme. Tiré la hoja a la papelera del cuarto. Intenté dormir, sin conseguirlo. Me quedé mirando al techo, mirando al techo, mirando al techo.

Debí dormirme por fin, en algún momento, porque de repente ya había amanecido. Busqué al chico del día anterior entre las caras de los asistentes al congreso, durante la conferencia plenaria de la mañana. No lo vi. Me acerqué a la mesa de inscripciones y le pregunté a la chica que estaba allí: “Un chaval joven, de unos veinticinco, Álvaro, creo que se llamaba. ¿Sabéis si ya se ha ido? ¿O si está por aquí?” No tenían ni idea. Le busqué en el programa. Había dos Álvaros en el congreso, uno ya había hablado el primer día, el otro hablaba por la tarde.

Pensé pasarme por la charla del Álvaro de la tarde, para ver si era él, y abordarle. Pero al final me rajé. No sé qué me daba más miedo: que fuera él y que me dijese toda la verdad, o que no fuera él y no saber nunca toda la verdad. En vez de eso, salí del campus y me fui al hotel a encerrarme en el cuarto, a pensar en Alicia, en mi Alicia, y en la otra Alicia, la destrozada por mí.

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5 pensamientos en “Yo no he escrito esto

  1. Creo que debías haber investigado,junto a Álvaro,que tú no eras el autor de ese terrible escrito.Pero distes la callada por respuestas o ¿màs adelante lo aclararàs?.De todas formas ¿alguien puede escribir en el blog de otro y publicarlo como sí fuera el autor de ese blog?Como siempre nos quedas con la intriga de lo que contenía el escrito.

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