Fetiche

Peter Mallon es un escultor minimalista. Trabaja sobre todo con la piedra, su material fetiche. Sus obras suelen consistir en objetos geométricos, de líneas puras y superficies planas. Ha expuesto en galerías de todo el mundo. Una obra suya ha sido adquirida por la Fundación Guggenheim; otra, por el MoMA.

Un día, Mallon decide crear una escultura figurativa, o lo más cercano a una escultura figurativa que él consigue crear, imaginar. Por aburrimiento, por experimentación, para demostrar que puede. Es la figura de una mujer. En posición yacente. Una ninfa. De formas voluptuosas, por delante y por detrás. El vientre un poco abultado. Piernas y pies finos. Manos extendidas en posición de entrega. La boca ligeramente abierta, la cabeza abandonada sobre el brazo.

Cuando termina de tallarla, Mallon descubre que le gusta la estatua. Más aún: le excita la estatua. (Para que no haya malentendidos: no hay nada de simbólico en esto; Mallon sabe que la estatua no es una mujer; sabe que la estatua es un objeto; sabe que la estatua no va a cobrar vida como en el mito de Pigmalión; y sin embargo, la estatua le provoca deseo, un deseo físico obvio, irracional, violento).

Durante los primeros días, el escultor no hace nada al respecto. Una noche, cuando el deseo lo invade, Mallon se tumba junto a la estatua. Pasa sus manos sobre ella, sobre sus pechos, sus piernas, su culo. La encuentra algo fría al tacto. Culpa suya por no trabajar con la madera o la arcilla. Pero las formas de la estatua lo excitan, no hay duda. Pone una mano en el culo de la estatua. La otra en su pene. Y se masturba.

Pronto se transforma en ritual. El deseo lo invade. Mallon deja inmediatamente lo que está haciendo. Se tumba junto a la estatua. Se sienta sobre la estatua. La toca. Por delante. Por detrás. Concentrándose en una parte o acariciándola entera. De arriba a abajo. Se masturba. Se corre sobre la estatua. Limpia la estatua cuidadosamente con un trapo. Pone el trapo a lavar en lejía. Vuelve al trabajo.

Mallon descubre pronto que sus mejores creaciones minimalistas las produce después de una de sus descargas con la ninfa.

Durante un tiempo, la estatua le consuela y le satisface. Luego, como a menudo pasa en las relaciones, descubre que necesita un nuevo aliciente. Prueba cosas con la estatua. Artilugios. Aderezos. Aplicaciones. (Otra vez: Mallon sabe que la estatua no es una mujer; Mallon sabe que la estatua es un objeto; Mallon siente deseo por ese objeto; Mallon satisface ese deseo).

Una de las cosas que Mallon prueba es la autoasfixia. Funciona. Mallon se toca. Aprieta su cuello con una cinta de seda. Aprieta hasta que siente que se va a correr. Se corre. Suelta la cinta. Recupera el aliento. Vuelve al trabajo.

Un día algo va mal. La cinta no se suelta como debería soltarse. Mallon se toca. Se corre. Se asfixia. Muere. Lo encuentran así al día siguiente. Desnudo. Con la lengua fuera. Con una mancha de semen seco en el suelo. Con una mano posada todavía sobre la cintura de la ninfa.

El valor de las obras minimalistas de Mallon se multiplica exponencialmente en los días siguientes. Por la estatua de la ninfa un coleccionista quiere pagar veinte millones de dólares. La familia del escultor rechaza la oferta. La estatua es destruida. (La leyenda dice que la estatua no es realmente destruida. Meses después, un coleccionista paga cincuenta millones de dólares por una estatua de una ninfa desnuda y yacente. Probablemente falsa).

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