Tout pour la patrie

Después de terminar mi relación con Alicia, me costó bastante tiempo volver a pensar siquiera en estar con otra mujer. (Me da bastante vergüenza hablar de esto). Hasta que en una cena-fiesta en casa de un amigo, me encontré con Julie.

Julie, como su nombre indica, era francesa, o mejor dicho de París, que no es exactamente lo mismo. Tenía ojos grises y pelo rizado; la boca se le curvaba hacia abajo en una sonrisa invertida, un rasgo que aisladamente no resultaba muy atractivo, pero que en el conjunto le daba un aire de inaccesibilidad interesante. Vestía con un estilo que era al mismo tiempo bohemio, chic, hippy y refinado, una combinación casi imposible fuera de París. Luckasz, que siempre se entera de todo no sé muy bien cómo, me contó que era amiga de una amiga suya, que había venido de visita, que solo se quedaba el fin de semana.

Me acerqué a ella después de cuatro cervezas. Le dije que me llamaba Santi (me ignoró). Le dije que vivía en Lisboa hacía cuatro años (me ignoró). Le dije que era investigador de literatura comparada (me ignoró todavía más). Pero luego le dije que era vasco y me convertí en el centro de todas sus atenciones.

-O! Basque?

-Oui. Sí. Vasco.

-Les Basques sont un peuple incroyable.

-Bueno, gracias… Tú tienes unos ojos muy bonitos…

-Les Basques sont les derniers combattants romantiques de l’Europe.

-¿Son verdes, grises?

-La lutte des Basques est la lutte de tous les peuples libres du monde.

-¿Azules?

-Dans le Pays Basque, tous les grands discours du XXe siècle se dissolvent en une bataille unique pour la liberté.

-Normalmente me pondría nervioso hablando con una chica tan guapa como tú, pero hoy…

-Les Basques sont la dernière esperánce de l’Europe.

-..he bebido bastante y estoy bastante borracho…

-Gora Euskadi!

-Vive la France!

Estuvimos hablando, aunque no exactamente dialogando, durante un par de horas, y luego, cuando la fiesta ya agonizaba, le propuse que se viniera a mi casa. Me dijo que sí y volvimos caminando, cogidos del brazo para no tropezar y caernos. Una vez en casa fuimos directamente al dormitorio. Para romper el hielo y para calmarme un poco le pregunté si le apetecía una copa de vino. Cuando volví de la cocina la descubrí mirando debajo de mi cama. Disimuló e hizo un esfuerzo para sonreír, pero se la veía pálida y temblorosa. (Debajo de mi cama hay una caja en la que guardo papeles viejos, fotocopias, documentos, certificados).

De lo que pasó después no contaré casi nada; solo que ella tuvo todo el tiempo los ojos muy abiertos, como si estuviera vigilándome; y que al final, en el momento culminante, se le escapó un “Oh, les Basques, les Basques!”, que yo tomé como un cumplido.

Luego nos quedamos tumbados en la cama, abrazados, con su cabeza encima de mi hombro. Hubo un silencio, y cuando yo ya estaba a punto de quedarme dormido oí que me preguntaba: “Est-ce que tu as tué quelqu’un?”, y después, por si no le había entendido: “Have you killed anybody?”. Yo no contesté inmediatamente. Dejé pasar unos segundos y después dije, con voz profunda: “No me gusta hablar de eso”. Sentí cómo Julie se estremecía con un escalofrío. Luego me quedé dormido.

Cuando me desperté al día siguiente, Julie ya no estaba en casa.

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Un pensamiento en “Tout pour la patrie

  1. Hombre, no importa a nadie con quien duermas. A que nos importa? Sientas orgulloso de haber hecho lo que los humanos estaban ahaciento por dos millones anos?

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