Refer interruptus

Cuando en clase de Geografía se pide a los alumnos que reciten la lista de ciudades por las que pasa el río Refer, en el momento en el que deberían mencionar Burgund, en vez de mencionar Burgund hacen una pausa. “…Velfort, Monvilant, pausa, Lochberg, Swachtrop, Strropf…”, enumeran. Los profesores no se lo explican: ellos no les han enseñado a hacer ninguna pausa, y sin embargo todos los alumnos la hacen: los más despiertos que nunca olvidan nada, y los más lentos que nunca se acuerdan de nada.

El fenómeno se repite en Francia como en Prusia, según pronto se descubre. Se organiza una comisión internacional para estudiar el asunto (algunos quieren ver en esta iniciativa el germen de la Unión Europea, lo que quizás sea ir un poco demasiado lejos) y se decide enviar un explorador que remonte el río Refer y documente cada una de las poblaciones con las que se encuentre en detallados informes etnográficos.

El elegido es Ludwig von Melinback, la primera persona en afirmar haber descubierto las fuentes del Nilo, hasta que se descubrió que lo que realmente había navegado era el Ebro. La expedición dura cinco meses, el presupuesto se dispara, algunos de los exploradores contraen enfermedades que hasta entonces se desconocia que se pudieran contraer en pleno corazón de Europa.

Por fin, Melinback presenta su informe en una sesión plenaria de la Real Sociedad Geográfica de Liechtenstein, ante un auditorio de como mínimo quince personas. Con un tono exuberante e hiperbólico describe su asombro al encontrar todo tipo de animales capaces de producir leche consumible por el ser humano; maravillosas criaturas semejantes a un cerdo pero con colmillos y tremendamente agresivos (“¿Un jabalí?”, le preguntan. “No lo sé”, responde, “nunca he visto un jabalí”) así como poblaciones tan semejantes a las europeas que se diría que, de hecho, eran europeas.

La sorpresa llega cuando el informe se publica en un adornado volumen en tamaño folio, con ilustraciones a mano del propio autor. En el lugar donde debería aparecer el capítulo dedicado a Burgund, se encuentran cuatro páginas en blanco. Los gobiernos francés y prusiano, que habían corrido con los gastos de la expedición, deciden llamarlo para cuestionarlo, o para pedirle un reembolso, pero cuando los emisarios llegan a su casa se lo encuentran muerto en el salón, ahogado con su propio cazamariposas.

Mientras tanto, los niños siguen recitando: “…Velfort, Monvilant, pausa, Lochberg, Swachtrop, Strropf…”

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