Ansiedad social

Quién me manda. Una cena de la gente del trabajo de Alicia. ¿A quién conozco yo en esa cena? A Alicia, claro. A nadie más. Bueno, al chico ese, Bruno, le he visto dos o tres veces, pero conocerlo, conocerlo… Ya llegamos. Ay. Respira hondo. Agárrate a Alicia, no te sueltes. Hola, hola, muac, muac, qué tal, encantado, sí, jajaja, hola, hola, muac, muac. ¿Cómo te llamabas? Qué más da, se me va a olvidar. Jajaja. Hola. Hola. Muac. Muac.

Bueno, pues ya estamos aquí. Cuánta gente. No sabía que iba a haber tanta gente. Cuatro, cinco, vale: no doce. Y Bruno no está. Bruno era mi única esperanza. Tranquilo, respira, no te agobies, sonríe. Son buena gente, son gente simpática, sana, divertida. Ríete. Jajaja. Ah, no, ahora no era para reírse. Haz como si estuvieras hablando de otra cosa con Alicia. Jajaja, así, más bajito pero sin dar tu brazo a torcer.

¿De qué hablan? De personas y de cosas que tú no conoces. Da igual. Sonríe, asiente de vez en cuando con la cabeza. Son buena gente, son gente simpática, son el tipo de gente con la que te gusta relacionarte. Alicia está aquí, Alicia está a tu lado cogiéndote la mano. Estáis en vuestra burbuja, aquí nadie puede hacerte daño. Alicia, acuérdate que mañana tenemos que comprar papel del váter. Sí, cariño, ya me acuerdo. Que solo nos queda un rollo y si se nos acaba… Sí, cariño, mañana compramos. Así, no te agobies, sonríe, todo va bien.

Parece que ahora han pasado a hablar de política. Bueno, no de política en concreto sino de cosas políticas en general. Podría intervenir. Mira, se me ha ocurrido algo inteligente para decir, agudo, gracioso, espontáneo, voy a caerles bien. Vaya, la conversación ya ha cambiado de rumbo, ya llego tarde, ya no puedo decirlo. ¡Cómo gritan todos! Menos Alicia. Alicia no grita, me coge la mano, todo está bien. Respira. No te agobies.

¿Cómo? ¿Qué dices? ¿Que vas al baño? ¿Cómo que vas al baño? ¡Pero si ya has ido antes de salir de casa! ¡Y yo aquí no conozco a nadie! ¡Ni siquiera ha venido Bruno! Está bien, está bien, no pasa nada. Son buena gente, son inofensivos, son gente simpática, sana, guapa, cariñosa. Tú sigue sonriendo y verás cómo todo va bien. Asiente cuando hablen unos, asiente cuando hablen otros, sé simpático, sé sano, sé buena gente.

Vaya, qué silencio se ha hecho de repente, qué cosa. Pues no va esa chica del piercing en la nariz, se gira ahora hacia mí y dice ¿Y tú qué opinas, que estás muy callado? Tranquilo, tranquilo, son buena gente, no lo hacen para ridiculizarte, lo hacen para incluirte en la conversación. Respira, piensa algo que decir, algo que no ofenda a nadie, algo inteligente pero no demasiado. Creo que las dos posturas tienen parte de razón. Eso siempre queda bien. Con eso te salvas. Sonríe, sonríe, sonríe.

Siguen mirándome. Qué hago. ¿Por qué no dejan de mirarme? ¿Por qué tarda tanto Alicia en mear? Tengo que añadir algo. Piensa, piensa. Te estás poniendo rojo. Intenta no ponerte rojo. Te estás poniendo más rojo todavía por esfuerzo de no ponerte rojo. Vamos, di algo. Uff, alguien ha dicho algo en tu lugar. La conversación sigue, vuelve a intervenir todo el mundo al mismo tiempo, vuelves a ser invisible.

Y ahora vuelve Alicia. Ahora. Cógeme la mano, cógeme la mano, así, ah, la burbuja vuelve a formarse, todo está bien. Ahora el tema ha pasado a ser la dietética y nutrición. Llegan los entrantes. Llega el vino. Agárrate a la copa de vino con la mano con la que no te estás agarrando a Alicia. Así. Sonríe. Sonríe. Sonríe. Todo está bien. No te agobies.

Alicia, ¿cuándo podemos irnos a casa?

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2 pensamientos en “Ansiedad social

  1. Muchos somos los que,en alguna ocasión ,hemos estado en alguna comida o cena parecida.Te sientes como mero espectador,queriendo escapar de sus miradas.Y mientras,los asistentes,siguen su conversación,entre risas y arropados por una complicidad de la cual tú no formas parte te preguntas una y otra vez¿qué hago yo aquí?.

  2. Uffff, sí, qué mal rollo me da recordar aquellos tiempos, ya lejanos, en los que aún me creía en la obligación de ser políticamente correcta y asistía a eventos sociales, porque “debía hacerlo”, como mera acompañante de mi “Alicia” particular (en mi caso era un tío con barba, muy grande y que siempre lograba ser el centro de interés por las anécdotas que improvisaba).
    Lo has expresado una vez más con tal acierto, Santi, que ahora mismo estoy sintiendo aquel mal cuerpo que se me solía poner.

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