Oh, Canada (6): Gastronomía

Maíz

La hija menor de los Watson, cuyo nombre no recuerdo, vendía mazorcas de maíz. No sé si lo hacía por algo relacionado con la iglesia, o simplemente para sacarse algún dinero extra. El caso es que al final de muchos días le sobraba maíz, así que para que no se echase a perder nos lo cenábamos nosotros. La señora Watson ponía a cocer cuatro o cinco mazorcas en un perol enorme de metal, y nos las comíamos así, simplemente cocidas con mantequilla y sal. Recuerdo que había que apartar los hilillos que quedaban entre los granos.

Yo nunca había comido maíz así, directamente a mordiscos de la mazorca, así que al principio era una novedad exótica bienvenida. Al final del mes ya no era una novedad exótica sino una imposición recurrente. Me pregunto por qué la hija Watson seguía comprando siempre maíz de más, si estaba claro que no conseguía venderlo todo…

(Sobre esta hija menor diré, porque no sé si volveré a mencionarla en otro momento, que era bonita, pero menos de lo que ella creía. En algún lugar de la casa había una fotografía de ella, supongo que del día de su graduación del instituto, con un cardado como de los años 60 y más pintada que una puerta. Imagino que ella se vería preciosa en esa foto, pero a mí me parecía horrible).

Dónuts

Si el maíz era mi alimento fundamental en casa de los Watson, cuando estaba con mis amigos lo eran los dónuts. En Canadá hay una cadena llamada Tim Horton’s, fundada precisamente en Hamilton (donde nosotros nos alojamos) en 1964, que era algo así como una mezcla de Dunkin’ Donuts y McDonalds.

Cada vez que nos quedábamos sueltos por Hamilton por algún motivo, solíamos ir al Tim Horton’s más cercano y pedirnos una docena de dónuts entre tres. Esa era nuestra comida: en aquel tiempo éramos jóvenes y no existían palabras como “dieta” o “colesterol”. Había dónuts de todos los tipos imaginables: rellenos de chocolate, de crema, de frutas; con agujero y sin agujero; con y sin recubrimientos de chocolate o de sabores; con o sin chispitas de chocolate o de caramelo por encima…

Otra cosa que triunfó bastante entre el nuestro grupo fueron los TimBits, que eran (o eso decían) la masa de los agujeros de los dónuts, o sea, pequeñas bolas de masa de dónut, generalmente sin aderezos ni rellenos. Hubo incluso quien compró cajas de TimBits para traérselas a España y dárselos a probar a sus familias (como si en España no hubiera dónuts, aunque es verdad que, salvo que los esté idealizando en el recuerdo, los dónuts de Tim Horton’s son los mejores que he comido en mi vida)

Las profesoras de la escuela donde estudiábamos inglés nos llevaron un día a ver la fábrica de Tim Horton’s, en el propio Hamilton; acabamos el día felices y empachados. Cuando ya casi nos íbamos de Canadá, algunos de mis compañeros utilizaron el buzón de sugerencias de uno de los Tim Horton’s para pedir que abriesen una franquicia en el País Vasco. No les hicieron caso, claro.

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Un pensamiento en “Oh, Canada (6): Gastronomía

  1. ¡Qué hambre de donuts tengo ahora mismo! Como diría mi madre, si sólo es hambre de una cosa, no es hambre sino capricho. ¡Pues me da igual! ¡Yo quiero un donuts! (Ni siquiera pido media docena, me conformo con uno… sólo uno… auhmmmm).
    Sobre lo exótico que te pareció comer el maíz en mazorca demuestra que no pasabas los “sanjosés” en tierra fallera, porque allí era (y supongo que seguirá siendo) típico comprarlo así en puestecillos callejeros, al estilo de las castañeras madrileñas.
    ¡Tengo hambre!, digo… ¡tengo capricho!

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