Oh, Canadá (5): Asuntos internos

Había, hubo una chica (no en el sentido bíblico pero sí en el sentimental). Creo que se llamaba Olga, era otra de las chicas vascas que iba con nuestro grupo. La recuerdo con la cara redonda, la nariz redonda y los ojos redondos, casi como un personaje de manga. Tenía el pelo muy negro cortado con una melenita corta. Era tímida, sencilla, tranquila, de una naturalidad aplastante, fabricada con el mismo molde que la que luego sería mi primera novia.

Un día, en la segunda o tercera semana de estancia en Canadá, los Watson me llevaron a ver un espectáculo aéreo que se celebraba en un parque junto a un lago. La cosa estaba muy animada, había puestos de comida y barracas y un montón de gente haciendo picnics en la hierba. Allí coincidimos con Olga y su familia de acogida, y nos dieron permiso (sí, necesitábamos permiso) para irnos los dos solos a pasear y ver lo que encontrábamos. Estuvimos juntos aquel día, y estuvimos cómodos, a gusto, nos divertimos. Por lo menos, yo me divertí.

No pasó nada. Yo tenía diecisiete años y era muy pavo (ahora tengo treinta y cinco años y probablemente sigo siendo muy pavo). El mes llegó a su fin y yo no hice nada para hacerle saber a Olga que me gustaba, y nunca supe si yo también le gustaba a ella o no.

Cuando volvimos a casa, creo que todavía nos escribimos alguna carta (hubo un tiempo, niños y niñas, en que no existía el email) y una vez nos encontramos, por pura casualidad, en las fiestas abarrotadísimas de Elantxobe. Hablamos un poco y luego mis amigos empezaron a meterse conmigo y hacerme bromas, así que me despedí de ella rápidamente.

Probablemente a estas alturas Olga estará casada, vivirá con su marido y sus dos hijos en un piso de tres habitaciones en un buen barrio de Bilbao y trabajará como abogada, o profesora, o economista, o yo qué sé.

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5 pensamientos en “Oh, Canadá (5): Asuntos internos

  1. O vivirá soltera, libre, independiente, como lo fue aquel verano en Canadá. Sin duda ahora habrá aprendido a lanzar ella la primera señal para que una amistad-relación-cita puedan llegar a buen puerto.
    ¡Olé por las mujeres sin marido, sin dos hijos, sin piso de tres habitaciones!

  2. Algo bonita de la gente que nos impactó en el pasado y que nunca volvimos a ver es que a nuestros ojos nunca envejecen, es una especie de inmortalidad.

  3. Bonito relato.Creo,que todos guardamos ,entre nuestros recuerdos de los años juveniles,aquella mirada que nos enamoró un día y que luego el destino nos llevó por caminos diferentes pero que seguimos recordando.¡Ay el amor,el amor!

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