Historia de la literatura ruritana (4): La Crisis

A principios del siglo XVI, cuando Europa entraba en el luminoso periodo generalmente conocido como Renacimiento, la literatura ruritana, siempre a contramano, entraba en lo que los críticos han denominado simplemente como “La Crisis”. Donde la generación anterior veía amor y explosividad vital, los escritores de la Crisis veían ceniza, vacío y absurdo. Donde había hermosas muchachas en flor, ahora había putrefactas calaveras  sin dientes. Las tertulias de escritores de Burgund en esta época no eran lo que se dice una fiesta.

Durante La Crisis los escritores se suicidaban tanto o más que durante los Hervores, aunque por motivos diferentes: no por amor sino por angustia. De hecho, uno de los géneros que más floreció en estos años fue la nota de suicidio. Larguísimas explicaciones, escritas a veces durante meses antes del acto fatal, donde se explica la banalidad de la vida, el sinsentido de la existencia, la crueldad de la tragedia de haber nacido y tener que morir, inevitablemente. No faltaban en estas notas los ataques a las notas del vecino, que, se decía, se había suicidado por las razones erradas; lo que sí faltaba, lógicamente, era el derecho de réplica.

Muchas de estas notas de suicidio fueron compiladas laboriosamente por Gustav von Lebengrauss, filólogo alemán de comienzos del siglo XIX, quien lamentablemente, en un caso de Ossianismo inverso, las hizo pasar por composiciones propias, robando así un capítulo más de la injustamente desconocida literatura ruritana -y ganándose, de paso, un notable lugar en la literatura romántica alemana. Mención aparte merece la proto-nota de suicidio de Augusto Neverridio (Burgund, 1503-1592), un volumen de setecientas páginas donde explica la imperiosa e inaplazable decisión de terminar con su vida, que lamentablemente quedó interrumpido debido a la muerte del autor.

Debemos también dedicar unas líneas a Alberta Logaarga, la primera mujer en inscribir su nombre en la gloriosa historia de las letras ruritanas. Su magnífico ensayo Kitt Prpapjolmt Gollova (Traje hijos a este maldito mundo para qué) fue usado como método anticonceptivo entre las jóvenes ruritanas durante los dos siglos siguientes.

A esta fase ensayístico-depresiva de la literatura ruritana siguió una subfase de la Crisis (hacia la segunda mitad del siglo XVI) que cabe denominar como “El gran silencio”. La vacuidad de la vida se tradujo en la vacuidad de la literatura: los escritores dejaron de escribir. En cambio, no dejaron de publicar. Las décadas de 1570 a 1590 están cuajadas de libros en blanco, a cuál más extenso y mejor editado. Especial éxito tuvo la novela Morir me hará feliz, que incluía ilustraciones de Jacop Gugle; es decir, que sólo incluía las ilustraciones de Jacop Gugle.

Desde el punto de vista literario, la obra más conseguida de este periodo silencioso es Ven a mí, noche, una composición de más de cuatro mil versos de cero sílabas, perfectamente rimados. Una copia impresa en letras de oro se conservaba en el ayuntamiento de Burgund, hasta su trágico incendio durante la Revolución Huérfana. Los intentos por reconstruir el texto fueron inútiles, y las escasas copias que circulan por el mercado negro bibliófilo son, por lo tanto, apócrifas.

 

 

Breve historia de la literatura ruritana

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