Basco

Esto pasó.

Salgo de la Biblioteca de la Facultad de Letras de Lisboa llevándome entre otros libros la Historia social de la literatura vasca de Ibon Sarasola. Están de obras en la biblioteca, reparando la cobertura exterior, hay obreros y ruido y polvo. Es agosto (esto pasó en agosto) así que, por lo demás, la biblioteca está prácticamente vacía.

Cuando voy a salir, el sistema antirrobo de la entrada pita. Ya me ha pasado otras veces, debo de ser yo, pienso. El de seguridad de la biblioteca se me acerca, hace varias pruebas, y sí, el culpable es la Historia social de Sarasola. Me pide el talón de préstamo, pero no lo tengo.

El guardia de seguridad me dice que espere y hace una llamada. La oigo de lejos. “Tengo aquí a alguien que se está llevando un libro… Sarasola… S-a-r-a-s-o-l-a. Historia social de la literatura vasca. Vasca. Vasca, sí.”

Veo que los obreros han dejado de trabajar y me miran ahora, desde lejos, como a un raterillo de tres al cuarto al que han cogido llevándose el último disco de Justin Bieber.

El de seguridad cuelga, viena hacia mí y me tiende el libro de Sarasola. Pero no lo suelta, y nos quedamos los dos sujetando el libro, uno de cada extremo.

“¿Eres vasco?”. me pregunta. No sé si debo sentirme orgulloso, avergonzado, sorprendido, honrado.

“Sí”, le contesto, ” de Bilbao”.

“Yo viví en Bilbao varios meses. Los vascos sois un pueblo diferente. Nada que ver con España. Los vascos y los portugueses somos muy parecidos”, me dice. “Un pueblo que siempre ha luchado por su independencia”.

“Gracias”, le contesto, porque me siento demasiado cansado para matizar las mil matizaciones que harían falta. Es más fácil dejar sobrevivir la versión mítica de la historia vasca, que es más simple y más heroica que la historia auténtica.

Ahora me da la impresión de que, por contagio, los obreros me miran con un respeto renacido, como si fuese un guerrillero urbano astutamente camuflado de investigador postdoctoral. Como si debajo de la cama tuviera una metralleta y no unas zapatillas blancas de hotel.

Por fin, el de seguridad suelta el libro de Sarasola y me deja marchar a casa. Sé que me están mirando. Sé que están diciendo algo de mí, aunque no sé qué.

Esto no pasó, pero podía haber pasado.

Anuncios

Un pensamiento en “Basco

  1. Ay ay ay… Santi-Nosanti… ¡Qué felices somos los de la Alcarria! …anodinos, simples y pasando siempre desapercibidos. (Eso sí, ¡existimos!, y estamos MUY orgullosos de ser castellano-manchegos después de españoles).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s