Historia de la literatura ruritana (2): los inicios

Los orígenes de la literatura ruritana se pierden en la oscuridad de la Edad Media. En este caso, la frase debe entenderse en un sentido literal, porque prácticamente todos los textos ruritanos tempranos se han perdido, y es probable que se perdieran muy pronto, es decir, durante la propia Edad Media, no solo por el tradicional rechazo ruritano a poner por escrito absolutamente nada (véase nuestras consideraciones preliminares), sino también porque las generaciones posteriores consideraron esta literatura inicial como una aberración impropia de personas adultas, y se dedicaron con todo su empeño a borrarlas de la memoria del mundo. Las noticias que tenemos de la poesía ruritana medieval provienen fundamentalmente de poéticas y cancioneros extranjeros, en los que normalmente se usa la poesía ruritana como contraejemplo, como modelo de lo que debe evitarse a toda costa.

trovador ruritanoDe hecho, a semejanza de la lírica provenzal, o de la poesía cancioneril española o portuguesa, la poesía ruritana medieval era fundamentalmente cortesana (si existía una poesía popular paralela, como parece probable, ni está ni se la espera). En todo lo demás, sin embargo, es radicalmente diferente de cualquier otra poesía de cualquier otro país occidental conocido.

Los poeta ruritanos consideraban que la poesía no debía servirse de las vulgares palabras de cada día y que debía servirse de un lenguaje esencial, puro, superior en su simplicidad. De hecho, la poética de la corte de Burgund se regía por unas estrictas normas combinatorias basadas en las sílabas ma-me-mi-mo-mu y pa-pe-pi-po-pu, hasta formar complejos arabescos fónicos de varios minutos de duración. Los mejores poetas eran aquellos que mayor belleza conseguían crear con la simple combinación de estos sonidos y sus contrastes.

Un cronista y trovador francés que visitó la corte ruritana en 1342 escribió: “Resulta a un tiempo conmovedor y vergonzoso ver a las mejores plumas de un país competir en justas de palabrería en las que solo se oye ‘papapapa’ y ‘mamamama’, y ver que tales majaderías son aplaudidas como creaciones ejemplares del saber humano; y pensar, además, que si por acaso llegasen a su conocimiento las obras de nuestros más elevados espíritus, serían rechazadas como vulgarísimas composiciones sin arte ni brillantez”.

Esta escuela poética esencialista estuvo vigente, aunque a ojos contemporáneos resulte impensable, hasta bien entrado el siglo XIV, a juzgar por la vigencia de la expresión “hablar como un poeta ruritano”, documentada en prácticamente todos los idiomas europeos cultos. Según averiguaciones recientes, parece ser que la superación o desaparición de esta escuela se debió, o mejor, comenzó con un escándalo ocurrido durante las justas poéticas de 1318. Después de diversas composiciones “clásicas” que fueron largamente discutidas y aplaudidas, Jean de Valovally declamó un poema, conservado de forma fragmentaria y milagrosa, que terminaba así:

papamapamapape
pepamemememamemi
popapamamapomapo
pemepete

Y ese te final fue el principio del fin del mundo, tal y como hasta entonces se había concebido. Jean de Valovally fue aplaudido por unos pocos, y silbado y abucehado por la mayoría; solo se salvó de ser linchado porque conocía los pasadizos interiores del palacio gracias a sus visitas nocturnas a la infanta Rosamunda.

La innovación de Valovally produjo una crisis y revolución en los círculos poéticos de toda Ruritania: hubo quien la consideró una violación inaceptable de las normas poéticas (“si no seguimos las reglas de nuestros mayores, caminamos hacia el caos y el desastre”); para otros, los más progresistas aunque no necesariamente los más jóvenes, aquella sílaba rebelde abría un mundo nuevo de posibilidades expresivas hasta entonces inexploradas; no faltó, incluso, quien dijese que con ese poema se había llegado al límite posible del lenguaje humano, que ya estaba todo dicho, que no valía la pena seguir escribiendo, etc.

Lo que es innegable es que la irreverencia de Valovally fue el “después de mí, el diluvio” de la poesía ruritana, porque enseguida hubo quien se preguntó si, además de con la “te” no se podría también crear belleza con la “ce”, y otro se preguntaba lo mismo con la “ese” y otro con la “hache epiglótica”, y uno todavía más osado todavía se preguntó si no tendría gracia que las poesías además de sonar bien significasen algo.

Y con eso se había cerrado definitivamente la infancia de la literatura ruritana, que ya estaba lista para pasar a la siguiente fase.

 

Breve historia de la literatura ruritana

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3 pensamientos en “Historia de la literatura ruritana (2): los inicios

  1. Pingback: Historia de la literatura ruritana (3): los Hervores | Como un libro abierto

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