Eres lo que serás

Cuando me dieron el accesit del premio Gabriel Aresti de relato, me hicieron tres pequeñas entrevistas. Las dos primeras aparecieron en medios locales, reducidas a un párrafo y a un titular inexacto. La tercera entrevista no fue publicada, y es de esa de la que voy a hablar hoy.

El entrevistador era un chico joven, que estaba terminando (en aquel momento) un doctorado en Filología Hispánica. Era mayor que yo, por lo tanto: aparentaba veintimuchos o treintaypocos. Parecía algo, cómo decirlo, descentrado. Cuando hablaba no me miraba a mí sino a todo lo demás; se rascaba las manos como si tuviera un sarpullido invisible; un mechón del flequillo se le caía una y otra vez encima de la cara y tenía que apartárselo con la mano.

Al principio la entrevista fue como las otras: formación, lecturas, influencias, proyectos. Parecía aburrido, o mejor, poco interesado. De hecho, llegó un momento en que dejó de hacerme preguntas; yo me esforzaba por llenar el silencio desvariando sobre esto y aquello, haciéndome el interesante con anécdotas que no eran mías y citas inventadas de autores improbables. Hasta que él me cortó con aire cansado:

-En realidad, da igual lo que digas y lo que hagas, porque vas a pasar a la historia como un pre-colomista…

Me habría sentido ofendido si hubiera entendido lo que decía. Tuve la tentación de dejarlo pasar con un “mh” y no comprometerme, pero al final me pudo la curiosidad.

-¿Pre-colomismo? ¿Qué es…?

-Pre-colomismo, dícese de los antecesores de Eduardo Coloma. Tú eres uno de ellos. Uno no muy importante, la verdad, pero claramente uno de ellos.

-¿Eduardo Coloma? No lo conozco, no creo…

-Normal, todavía no ha nacido.

Me senté derecho en la silla. Él se apartó el mechón de pelo de la cara con un soplido.

-¿Que todavía no ha nacido?

-No. Nacerá dentro de unos diez años.

-Pero entonces, ¿cómo puedo… qué… cómo puedes…?

-No tiene ningún mérito. Dentro de treinta años cualquier crítico con dos dedos de frente reconocerá en tus cuentos algunos de los rasgos centrales del colomismo… aunque sin la genialidad ni la valentía de Coloma, claro…

-Claro, claro… Espera, no. ¿Cómo que sin genialidad ni valentía? ¿Y qué rasgos son esos?

-No creo que deba decírtelo. En realidad, creo que no debería haberte dicho nada de esto…

Un escalofrío. Le miro. Me mira. Le pregunto:

-¿Eres del futuro?

Se me quedó mirando con el mechón colgándole entre los ojos.

-¿Del futuro? ¿Del futuro? ¿Para saber cosas sobre el futuro tengo que ser del futuro? ¿Tú para saber cosas de la Edad Media tienes que haber vivido en la Edad Media?

-No, pero… el tiempo… la flecha unidireccional del tiempo…

-Déjalo, es mejor que lo dejes. Total, no puedes entenderlo sin saber qué es la red 7.0 ni el protobosón de Petter…

-El… lo… ¿lo qué?

-¿Lo ves? No vale la pena. En fin, enhorabuena por tu premio.

Y se fue del bar, dejándome solo, humillado, confundido y con la cuenta por pagar.

Algo así fue la entrevista. No suelo recordarla muy a menudo. La explicación que me doy, cuando me entran  sudores fríos de madrugada, es que aquel chico era un loco o un idiota (o las dos cosas al mismo tiempo, que no son mutuamente excluyentes).

Pero a veces, cuando empiezo a escribir uno de estos cuentecillos, no puedo evitar acordarme de aquella conversación, e intento mentalmente adivinar si esto que estoy haciendo ahora mismo será colomista o no (sin genialidad ni valentía, pero colomista al fin y al cabo); si en esta frase concreta se me reconocerá como precursor o si estaré siendo yo mismo.

Tengo también, a veces, la tentación de romper con todo, cambiar radicalmente de estilo, de género, de idioma; dejar completamente de escribir. Pero a lo mejor, como en el cuento de “la muerte en Samarkanda”, eso es precisamente lo que Coloma necesita, lo que Coloma espera de mí. A lo mejor el colomismo consiste en ser consumido por la inevitabilidad de los futuros posibles. O no. O todo lo contrario.

Pero es una tontería pensar en esto. Lo más probable es que el chico aquel fuera un loco. O un imbécil. O las dos cosas. ¿Verdad?

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3 pensamientos en “Eres lo que serás

  1. Oye, tú, pre-colomista…, ¡gracias una vez más por hacerme disfrutar con tus desvaríos literarios!
    (Yo también soy del futuro, y del pasado, y del presente, pero finjo ser sólo un hada pequeñita de una realidad inexistente).

  2. Oye, tú, pre-colomista…, ¡gracias una vez más por hacerme disfrutar con tus desvaríos literarios!
    (Yo también soy del futuro, y del pasado, y del presente, pero finjo ser sólo un hada pequeñita de una realidad inexistente).

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