Variaciones sobre Caperucita (II)

-¿Cómo era, abuela, cómo era estar dentro de la tripa del lobo?

-No me acuerdo bien… Estaba oscuro, húmedo y caliente. Los sonidos me llegaban muy de lejos, como debajo del agua. Creo que estaba dormida, o medio dormida. Soñaba, o recordaba, sábanas calientes, un lugar acogedor y conocido. Pensé que a lo mejor estaba muerta, pero al mismo tiempo sentía claramente que la muerte no podía ser así, tan parecida a la vida. Oía tu voz, y la voz del lobo, y quería gritar para avisarte, pero al mismo tiempo solo quería dejarme ir, hacerme pequeña, pequeña, cerrar los ojos… Me iba sintiendo en paz… Luego oí claramente los disparos, me sentí caer, gritos, la luz, la claridad… Otra vez de vuelta…

-¿Por qué lloras, abuela? ¿No te alegras de estar viva?

-El lobo… En realidad era una loba. Lo supe justo al final…

-¿Por qué lloras, abuela?

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