Eusebio

Empieza en el trabajo: cuando entro a la oficina, la gente me saluda, “Hola, Eusebio, buenos dias, Eusebio, ¿que tal has dormido, Eusebio?”, y yo les digo, “Yo no me llamo Eusebio”, y ellos, “Qué cosas tienes, Eusebio, mira, mándame el archivo completo del proyecto del año pasado”.

Pero no es solo en el trabajo: también en la calle, mis amigos, mi familia, “Eusebio, ¿te apetece tomar una copa esta noche?, “¡Don Eusebio! ¿Café cortado como siempre?”, “Eusebio, llévate una chamarra que por la noche refresca”, y yo, “¡Que no me llamo Eusebio!”, y ellos, “Anda Eusebio, no digas tonterías”.

Intento decirles a todos, “Yo no me llamo Eusebio, me llamo…”, pero no sé cómo terminar la frase, así que sigo llamándome Eusebio a todos los efectos.

Llamarme Eusebio me incomoda, me deprime y me asusta, como si me hubiera crecido una segunda piel por encima de la mía y me pica pero no puedo rascarme porque es una segunda piel metafísica, metafórica.

Les pregunto a mis padres, “¿Y si no me llamo realmente Eusebio?”, y mi madre, “Te querríamos igual”, y mi padre, siempre más filosófico: “El nombre no es la cosa. Representación no es sentido.”

La rosa olería igual, etc., pero yo no soy una rosa, soy una persona y no huelo igual llamándome Eusebio, la gente no me trata igual ahora que cuando me llamaba…

¿Será que yo ya no soy yo?

Paso días, semanas sin salir de casa más que para ir a trabajar, mis amigos me llaman, “¡Eusebio, que no se te ve el pelo!”, y yo les digo, “¡No! ¡Me! ¡Llamo! ¡Eusebio!” y les cuelgo.

Hasta que, de repente, un día todo pasa, me despierto por la mañana y me siento Eusebio, la segunda piel se ha pegado a la primera, ya no noto que está ahí; cuando alguien dice “Eusebio” me giro, sonrío y digo, “sí, ¿qué quieres?”

Cuando llega correo a nombre de Eusebio lo abro, lo leo, me pertenece; mis ropas están marcadas con el nombre “Eusebio”, “Eusebio” dice mi carnet de identidad, mi pasaporte, mi facebook, mi twitter; si en algún momento tuve otro nombre lo he olvidado completamente.

El mundo vuelve a estar completo y yo, Eusebio, vuelvo a formar parte de él.

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