Cónclave (carne cruda)

Hace ya tres meses que estamos encerrados aquí. Tres meses sin ver el mundo exterior, casi sin ver la luz (nos cortaron la electricidad después del segundo mes), ciento y pico hombres encerrados en una sala, ya no sabemos bien para qué.

Comiendo carne cruda.  Durante el primer mes nos traían comida cocinada, deliciosa, en grandes cantidades. En el segundo mes empezaron a traer cada vez menos comida, y cada vez más vulgar: arroz blanco, macarrones, bocadillos. Ahora ya solo nos lanzan pedazos enormes de carne cruda a través de un ventanuco, y nosotros nos pegamos por ella. No tenemos cómo cortarla, no tenemos cómo cocinarla, la arrancamos del hueso a mordiscos como los animales.

Ya casi ni nos acordamos para qué estamos aquí. Los primeros días, me acuerdo, había un ambiente de gran recogimiento y serenidad, diálogos en sordina, algunas votaciones cada cierto tiempo (¿votaciones para qué, me gustaría saber?). Luego se perdió el recogimiento y la serenidad y empezaron los gritos y las peleas, y dejó de haber votaciones. Un tipo joven, de unos sesenta y cinco años, quiso hacer una broma: cogió un pedazo de carne cruda, lo levantó por encima de su cabeza y dijo: “El cuerpo de…” No llegó a acabar. Varios colegas más viejos que él le saltaron encima, le quitaron el trozo de carne cruda y le gritaron de todo. Creo que le rompieron una pierna.

Hace calor aquí dentro. Apesta. Ciento y pico viejos haciéndose pis encima y comiendo carne cruda. Tenemos agua corriente pero no llega para todos, y hay muchos que ya han renunciado a lavarse, se han abandonado. Pichioli dejó de moverse hace tres días, pero nadie se atreve a decir…

Haría falta tomar una decisión, pero los hombres ya no hablan unos con otros: se han dividido en bandas que se pelean por los trozos de carne cruda y que a veces se gritan cosas de una a otra esquina de la sala.

Otro hombre también joven, de unos setenta años, se acercó a la puerta de la sala y empezó a gritar: “¡Hemos decidido! ¡Hemos decidido! ¡Soy yo, soy yo, voy a ser yo!”. Del otro lado llegó (lo juro) una risa contenida, y después: “Esa no es la respuesta que buscamos”.

Por ahora los pedazos de carne cruda siguen llegando, aunque cada vez son más escasos y más secos. Me pregunto si al cuarto mes dejarán de darnos incluso la carne cruda, y qué pasará entonces.

Me levanto, me subo a una silla y digo: “Hermanos, es hora de hacer una nueva votación”. Las bandas de viejos se paran cada una en su rincón, con desconfianza. Bernicio me mira con la boca abierta llena de carne cruda. Lowell espanta una mosca que se había posado en la nariz de Pichioli.

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2 pensamientos en “Cónclave (carne cruda)

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