Matar a Santi Pérez Isasi

Una vez que estaba especialmente aburrido, o especialmente inspirado, no lo sé, decidí matarme. No suicidarme, que es una cosa tremendamente vulgar y que ya se ha hecho miles de veces, sino matarme como si matase a otra persona; matar a Santi Pérez Isasi, no a mí; no yo a mí mismo sino… bueno, eso.

Así que empecé a hacer las cosas que creo que haría si quisiera matar a otra persona. Primero, para disimular empecé a tratarme especialmente bien a mí mismo. Me llevaba a cenar a sitios caros; me acompañaba de librerías (aunque todo el mundo sabe que a mí en realidad también me gusta ir de librerías); me daba masajes en la espalda, en los pies, en las piernas… Sobre las cosas que me hacía a mí mismo en otras áreas prefiero no hablar.

Una vez conseguida mi confianza, empecé a llevar la cuenta de mis hábitos. Lamentablemente, pronto descubrí que Santi Pérez Isasi es una persona de pocos hábitos: es imposible saber a qué hora va a salir de casa, ir a trabajar o bajar a tomarse un café. Maldita vida sin horarios…

De manera que mi mejor opción de cogerme desprevenido era esperarme a la puerta de casa un día que hubiera salido. Y así lo hice. Lo hice varias veces. Cuando sabía que Santi Pérez Isasi no estaba en casa, me escondía en el último rellano de la escalera esperándole. Pero no llegaba. Y no llegaba y no llegaba. Una vez me quedé dormido y me despertó la vecina, que se asustó bastante al ver el cuchillo de carnicero en mi mano. Le dije que era para una obra de teatro benéfica, lo que en realidad explica muy poco.

Pero la mayoría de las veces simplemente desistía al cabo de un par de horas y me iba a casa. Y claro, justo cuando decidía dejar de esperar a que Santi Pérez Isasi volviera a casa, Santi Pérez Isasi volvía a casa. Será la ley de Murphy o será que él estaba de hecho esperando a que me rindiera; el caso es que las pruebas eran innegables. Dos minutos después de que yo me volviera para casa aburrido de esperar, las luces en casa de Santi Pérez Isasi estaban encendidas, los zapatos de Santi Pérez Isasi descansaban en el rincón y la chamarra de Santi Pérez Isasi sobre la silla del cuarto. Me había ganado por la mano, una vez más, el muy cabrón.

Lo siguiente que hice fue prepararme trampas, si no mortales, por lo menos sí lo bastante dañinas como para dejarme indefenso. Pero Santi Pérez Isasi era astuto y descubría y desactivaba cada una de mis trampas antes de que pudieran funcionar. Además, en el mismo momento en que empecé a dejarle trampas a Santi Pérez Isasi, Santi Pérez Isasi empezó a dejarme trampas a mí, tan poco imaginativas que eran prácticamente idénticas a las mías; pero yo tampoco soy manco: no me costaba nada descubrirlas y desactivarlas. Parece que Santi Pérez Isasi y yo compartimos un sexto sentido para estas cosas (lo cual me hace pensar si no estará Santi Pérez Isasi intentando matarme con tanto ahínco como yo intento matarle a él).

En fin, que llegó un momento en que pareció que mi plan de matarme a mí mismo estaba destinado al fracaso. Pensé en contratar a un asesino para que me matase, pero en primer lugar esto habría sido una perversión de mi plan original, y además, ¿cómo podía saber que el asesino no se iba a equivocar y a matarme a mí en vez de a Santi Pérez Isasi?

Y justo entonces, cuando estaba al borde del abandono, tan absorto como iba en medio de mis pensamientos criminales me atropelló un camión. No sé quién murió antes, si Santi Pérez Isasi o yo, pero en todo caso lo di por bueno: misión cumplida, chúpate esa, Santi Pérez Isasi, con tus sesos esparcidos por la avenida. Ese camión no pudiste esquivarlo, ¿eh? Ja. Jaja.

Solo siento no haber podido ver la cara de sorpresa de Santi Pérez Isasi cuando…

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7 pensamientos en “Matar a Santi Pérez Isasi

  1. pequeñoTate, he llegado a esta entrada de tu blog entrecomillando su título en google… te digo esto desde el respeto y la admiración, ¿eh?
    ¡Grande, San!

  2. Jo, a mí no me gusta que gane Santi… Yo esperaba un “japién” y me hubiera gustado leer que el brillante de Santi vencía al depravado y aburrido de Santi…

  3. Está claro que después de la del mapa de Rumanía esta va a ser la entrada más celebrada del blog. Tú sí que sabes dar a tus lectores lo que quieren!!

  4. Hola gracias a la web telefonofnac.es he podido obtener la información que me faltaba para completar mi blog de lectura por fin lo he conseguido.
    Un saludo a todos los lectores.

  5. Santi ese trastorno bipolar tiene solución. Coge la cabra del otro post mirando para la Torre de Belem. Sientala en una silla y tu en un diván ( al estilo del psicoanálisis), habla con ella. No te dirá nada, pero ahí está la solución….en el silencio cabruno. Ah, pero que tienes los sesos esparcidos…daselos a la cabra!!!

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