Una idea de un millón de euros

La idea es esta: un reality para escritores.

Se encierra en una casa a diez escritores y diez escritoras, igualitariamente repartidos entre poetas, novelistas, cuentistas y dramaturgos.

Cada semana se les obliga a escribir un texto. Se va variando el género, siempre cosas breves. Los textos se publican en internet y son juzgados por un jurado de críticos, en conexión televisiva en directo. Los críticos serán del estilo de Carlos González Peón y o Clandestino Menéndez, de los que te hunden por un epíteto mal puesto.

Pero la opinión de los críticos es solo orientativa: quien vota es el público. Cada semana se elimina al escritor que haya entregado el texto peor valorado en las votaciones en internet.

Los poetas tendrían que ser caballito blanco durante los primeros dos meses, para que el programa no se quede sin ninguno.

En realidad, todo esto es una excusa para encerrar a veinte escritores en una casa. Si los realities con cocineros, chonis o cantantes crean polémica, uno de escritores sería el infierno sobre la tierra.

Discusiones estilísticas, envidias, guerras de egos, comparaciones odiosas, acusaciones de plagio, competiciones culturetas: “lee a Joyce y luego me hablas”, “escribes como un Bukowski de saldos”, “tú leíste Postpoesía y te lo creíste”, “carca relamido”, “pijoprogre”, y así.

Me juego 10 a 1 de lo que sea a que antes de un mes alguien le abriría la cabeza a alguien con el tomo II de En busca del tiempo perdido.

Probablemente el programa no tendría mucho éxito al principio, pero a medio plazo podría tener un efecto beneficioso en la televisión: la gente dejaría de verla.

Además, los textos del concurso podrían publicarse mensualmente: ¡merchandising!

La prueba final consistiría en escribir una novela. La novela ganadora sería un best-seller, no solo por el efecto “anunciado en televisión”, sino porque se elegiría una novela con potencial para ser un best-seller. Si Planeta lo hace, ¿por qué nosotros no?

El ganador conseguiría un contrato para una trilogía de novela histórica y un sillón en la Real Academia (en espera de que la palme alguno de los actuales académicos).

Yo doy la idea, y si alguien me la compra que me pague un millón de euros.

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