Una mujer de unos 60 años, en la ventanilla de la Seguridad Social.

-Buenas, venía a entregar la documentación para solicitar la ayuda de dependencia.
-Espere.

La mujer espera. Pasan unos minutos en que la secretaria teclea cosas en el ordenador.

-Ya. ¿Qué?
-Que venía a entregar la documentación para solicitar la ayuda de dependencia.
-¿Para usted?
-No, es para mi marido. Tiene una enfermedad degenerativa y no puede…
-Pues tiene que venir él.
-¿Cómo?
-Que tiene que venir él.
-¡Pero si no puede ni moverse! Está inmovilizado en la cama.
-Eso no es asunto mío. El reglamento dice que tiene que venir él.
-Pero… tengo un poder notarial…
-A ver, déjeme ver.
-…
-Esto no vale.
-¿Por qué no vale?
-Porque no está firmado por la persona…
-Sí está firmado.

Lo mira por los dos lados, frunce el ceño, chasquea la lengua.

-Está bien, a ver la solicitud…
-…
-Uy, no, ni hablar, con estos ingresos no le corresponde ninguna ayuda.
-¿El qué?
-¡Siguiente!
-¿El qué?
-Señora, no me haga perder tiempo. Con una pensión como esta… esto no merece la pena ni tramitarlo. ¡Siguiente!
-¡Pero oiga! ¡Si vivimos tres personas en casa con esa pensión! Mi hijo está en paro y yo…
-No es asunto mío, señora, es así y es así. Yo no le puedo ayudar. ¡Siguiente!
-¡Ni siguiente ni nada! ¡Yo de aquí no me muevo sin…!

Viene el guarda de seguridad.

-¿Qué está pasando aquí?
-Está señora, que quiere cobrar lo que no le corresponde. Y no quiere irse.
-¡Que no quiere tramitar mi petición! ¡Que yo necesito esa ayuda!
-A ver, señora, se me tranquilice. Si le han dicho que no puede tramitarla será por algo.
-Sácamela de aquí, que no me deja trabajar.
-¡Que necesitamos esa ayuda! ¡Que no me voy!
-Uyuyuy, la señora no estará manifestándose.
-¿Cómo?
-Sí, sí, a mí me da que la señora se está manifestando. Y violentamente además.
-¿Qué?

El guarda le da con la porra en las piernas a la señora, dos veces, sin demasiada fuerza

-Ande, señora, no alborote y váyase.
-¡Ay! ¡Pero oiga! ¡Ay!
-¿Resistencia a la autoridad? ¿Añadimos resistencia a la autoridad, también?
-¡Pero yo tengo derecho a…!

El guarda le da otro golpe con la porra, con algo más de fuerza.

-¡Que se vaya le he dicho! ¡Esto ya empieza a ser desacato!
-Pero… mi marido…
-¡A mí qué me cuenta! Yo solo la veo a usted aquí alborotar, manifestarse, insultar aquí a mi compañera…
-¡Sí, sí, me ha insultado! ¡Gravemente!
-¡Yo no he insultado a nadie!
-…y yo eso no lo puedo permitir. Seguro que la señora es de izquierdas y se cree con derecho a todo. Pero aquí no estamos para Así que o se va ahora, o esto va a terminar mal.
-¡Yo no me voy sin la ayuda de mi marido!

El guarda le golpea con fuerza en el brazo y la empuja hacia la puerta.

-¡Anda, fuera!

La mujer, renqueante y llorosa, sale de la oficina. El guarda mira a la secretaria.

-Qué, ¿hace un café?
-Venga, vale…

Los dos salen por la puerta de la izquierda, y los siguientes usuarios vuelven a sentar en sus sillas, esperando a que vuelvan.

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Un pensamiento en “

  1. Hola Santi,

    Leí esto cuando lo publicaste, y me quedé con ganas de comentar, así que allá va.

    Hoy he acompañado a mi madre para una gestión al CAISS, es decir, a una oficina del INSS. Ella tiene 75 años, y ha habido un malentendido con la persona que estaba en el mostrador, que ha dado pie a una discusión con la que la ha atendido en segundo lugar.

    Esta segunda persona ha llamado al guardia de seguridad (por lo que me ha acordado de esta entrada). Su labor ha sido impecable. Se ha limitado a insistir en la importancia del respeto con un tono educado e incluso cercano, y ha escuchado con paciencia (a pesar de que es poco probable que entendiera de que iba la cosa). En ningún caso ha invitado a mi madre a marcharse ni empleado ningún tipo de violencia verbal o físca.

    Mientras tanto, la funcionaria y yo hemos aclarado la información que le había proporcionado y resuelto el asunto (Eso sí, yo conocía la normativa que ha sido reformada recientemente, entiendo que eso es una ventaja para corregir posibles errores y entender lo que te expliquen)

    De todas formas, es importante saber que cualquier administrado tiene acceso al impreso de reclamaciones (en el mostrador), el cual se tramita en todo caso. Es decir, la Administración responderá al interesado por escrito sea cual sea el resultado, y eso es más eficaz que lidiar con una persona que puede estar en un error, o pasando un mal día. Lo más probable es que no lo reconozca por los gritos del administrado, sino por argumentos objetivos respecto a la normativa que le puedas presentar.

    En mi caso, la persona que llamó a seguridad hizo mal (todos somos humanos) pero el segurata (en mi caso) lo hizo muy bien. En la ficción que describes, rellenaría el escrito de reclamaciones inmediatamente, lo que da lugar a un informe sobre la actuación de la funcionaria, y una explicación escrita y detallada de por qué le corresponde (o no) la ayuda.

    Espero que si a alguien le pasa algo parecido este comentario le sirva de algo, y que sigas con el nivelazo del blog, al que sigo de cerca, como hago con Un libro al día.

    Esther

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