Los juegos del paro

¡Ya está bien de que se aprovechen de nosotros esa panda de vagos parásitos, cobrando de nuestros impuestos por no hacer nada! Me refiero, claro, a los parados, y muy especialmente a los parados de larga duración. Porque todo el mundo sabe que el que no trabaja es porque no quiere. Porque trabajo, en potencia, hay para todos. Y si no, que montasen empresas como hemos hecho los demás. Si es que lo quieren todo: una casa, una familia, un trabajo, y Papá Estado a dárselo, y si no… ¡a la calle a quemar contenedores!

Esto ya no podemos permitirlo más tiempo. Poner a los parados a limpiar bosques y apagar incendios va en el buen camino, pero no es suficiente.

Por eso, yo propongo algo más radical: a falta de pan, circo del bueno. Los juegos del paro, lo llamaría. El funcionamiento sería algo así:

  • En primer lugar, cada provincia de España organizaría sus propios “juegos del paro”, en el que compitiesen a muerte cincuenta parados. Cada Comunidad Autónoma (que para eso las creamos en su día) podría elegir la forma de la competición para adecuarla mejor a sus características; todas ellas con una evidente contribución social, claro: talar bosques, sacar piedra de una cantera, pintar barcos, limpiar los coches de los ricos… Ya es hora de que España reaproveche sus desperdicios para algo útil.
  • Después, los cincuenta parados ganadores (¡ganadores, ja!) de las cincuenta provincias competirían entre sí en un nuevo duelo a muerte celebrado, como debe ser, en Madrid. La construcción de los casinos de Eurovegas seguro que dará oportunidades para ello: cavar zanjas con las manos, soldar hierros sin protección, manejar maquinaria pesada con los ojos vendados, cosas así.
  • Cuando solo quede uno (solo puede quedar uno, y uno ya es demasiado cuando hablamos de esta gentuza), se le ofrecerá un premio digno de su hazaña: un contrato temporal con salario mínimo, por ejemplo.

Las ventajas de esta propuesta son innumerables. En primer lugar, el paro desciende, por motivos evidentes (alguien dirá que 2500 parados no son muchos, pero nada impide organizar estos juegos más de una vez por año, mejorando así nuestras cifras macroeconómicas y nuestra credibilidad ante los mercados).

Además, es evidente que estos juegos aumentarán exponencialmente la motivación de los parados para encontrar empleo. ¡Entonces se va a ver si querían o no querían! ¡Entonces!

Y por último, claro, estos juegos del paro serán un estupendo entretenimiento familiar, emitidos en prime time y en formato HD: un entretenimiento que, como mandaban los clásicos, divierte y educa a la vez.

Tengo pocas esperanzas de que se lleve a cabo esta propuesta mía, porque todos los gobiernos, incluido el actual, están llenos de cobardes y de maricomplejines; pero si nos gobernasen los que nos tendrían que gobernar (los que nunca deberían haber dejado de gobernarnos), ¡se iban a enterar, esa panda de mangarranes!

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