Loreak mendian

Hay días, te lo juro, Santi, que me dan ganas de mandarlo todo a paseo. Que no entiendo nada, ni para qué trabajo ni para qué vivo ni para qué me levanto cada día, yo no sé.

Lo que yo querría, sabes, es vivir una vida tranquila, en mi casita, en el campo, con una huertecita con las cosas fundamentales, unos tomates, unas lechugas, unas acelgas, así. Poder pintar. Yo soy bueno pintando, me gusta pintar, se me da bien; ahora no tengo tiempo con el trabajo y todo, pero si tuviera tiempo me gustaría pintar. Viviría en el campo, pintaría, cultivaría mi huerta, estaría en paz conmigo mismo y con mis semejantes y con la naturaleza. Cuando necesitase algo iría adonde mis vecinos, o al pueblo, con mis pinturas y mis verduras, y diría: “necesito esto, tengo esto otro, ¿alguien me lo cambia?” Así, sin dinero, como se hacía antes, cuando todo era más simple y más puro.

No pido más que eso. Simplicidad. Pureza.

Pero luego pienso que no estoy siendo realista. Que no aguantaría ese tipo de vida, que también necesito mi ordenador y mi cine de los viernes y mis viajes y mis libros de ciencia ficción y mis quesos franceses, y ¿cómo iba a pagar todo eso? ¿Me darían mis tomates y mis pinturas para pagar una conexión a internet y mis escapadas a Londres? Y si todo el mundo pensase como yo, ¿quién iba a construir mi ordenador, a pilotar mi avión y a extirparme el apéndice cuando hiciera falta? ¿Y si estoy siendo egoísta deseando un paraíso para mí solo al margen del mundo?

Así que me sigo levantando cada mañana, cada vez más pobre, cada vez más apaleado, y digo: “Bueno, será que las cosas tienen que ser así”. Y sueño con pintar y con plantar tomates mientras trabajo como un energúmeno en algo que no me gusta, y vuelvo a casa tan cansado que no tengo tiempo de disfrutar de la vida. Pero ¿y si lo dejo todo y al otro lado no hay nada? ¿Lo has pensado alguna vez? ¿Y si no soy bueno pintando y se me mueren los tomates por culpa de una helada? ¿Qué hago entonces? ¿Ir al pueblo y decir “necesito esto, pero no tengo nada para dar a cambio? ¿Qué iba a ser de mí, dime, qué iba a ser de mí?

Y en esa tensión vivo, Santi, de querer una vida que no sé si puedo tener, y tener una vida que no sé si quiero.

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