Perro mundo

El domingo pasado murió el padre de Lúkasz. Lúkasz, por lo que me cuenta, nunca tuvo una gran relación con su padre, un hombre ultracatólico, despótico y desapegado que nunca movió un dedo por la felicidad de nadie que no fuera él mismo. (Esto es, claro, lo que Lúkasz me dice, pero no tengo otras fuentes con las que contrastar esta información).

Lúkasz fue a hablar con el jefe del Departamento el mismo lunes a primera hora de la mañana. Quería informarle de que iba a ausentarse unos días, para ir al funeral, atender a los asuntos burocráticos y también, claro, consolar a su madre, que a pesar de estar casada con un hombre ultracatólico, despótico y desapegado estaba destrozada por su muerte. “Mi madre es un ángel, Santi”, me decía Lúkasz, ahora sí con lágrimas en los ojos, como si la muerta fuera su madre y no su padre.

El jefe de Departamento no es mal tipo, en términos generales. Debía tener un mal día, o tener atrofiado temporalmente el sistema empático (el trabajo administrativo prolongado tiene ese efecto en algunas personas), porque lo que le contestó a Lúkasz fue: “¿Ahora? ¿Ahora te vas a Polonia, en plena época de correcciones y actas? ¿No será que quieres ir a ver la Eurocopa?” Pero le dejó ir, claro, porque ser bruto no quiere decir ser inhumano.

El caso es que, a lo mejor por culpa de la Eurocopa, Lúkasz no ha conseguido encontrar un vuelo antes del jueves que resulte medianamente asequible (y “asequible” quiere decir que no hunda el presupuesto familiar hasta el punto de la inanición). Para el jueves, su padre ya estará enterrado, los papeles arreglados y su madre ya habrá llorado, dejado de llorar, vuelto a llorar y vuelto a dejar de llorar otra vez.

“Un ángel, Santi, toda la vida dedicada a nosotros…”

Así que hasta el jueves Lúkasz se queda en Madrid corrigiendo exámenes y entregando actas; el jefe del Departamento se queda convencido de su autoridad, pero sintiéndose culpable por no haber dado a tiempo la preceptiva palmada en la espalda de Lúkasz; yo me quedo sin saber qué decir delante de todo esto; y la madre de Lúkasz se queda sola y desconcertada en un rincón de Polonia.

Lúkasz me ha pedido que esta noche salgamos a beber cervezas por Malasaña. A lo mejor se viene su mujer y así la conozco. A lo mejor no, y entonces casi seguro que la noche se complica. Sea como sea, no me esperéis despiertos.

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