Lisboa por Tomas Tranströmer

EN el barrio de Alfama cantaban los tranvías amarillos en las subidas.
Había allí dos cárceles. Una para los ladrones.
Saludaban a través de las rejas.
¡Gritaban que querían ser fotografiados!

«Pero aquí», dijo el conductor, riendo como un ser dividido,
«aquí están los políticos». Vi fachadas, fachadas, fachadas
y muy alto, en una ventana, un hombre
que con unos prismáticos miraba hacia el mar.

La colada colgaba en lo azul. Los muros estaban calientes.
Las moscas leían cartas microscópicas.
Seis años más tarde pregunté a una señora de Lisboa:
«¿Esto pasó así, o lo he soñado?»

(Traducción de Roberto Mascaró)

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