Mi tío Alonso

Sobre mi tío Alonso, al que antes llamaban “el Bueno” y ahora llaman “el Loco”, no sé qué pensar. Era un hombre tranquilo, solitario, algo extravagante, sí, pero lo que se dice “un hombre de bien”, un hombre de su familia, de su pueblo, de su casa; algo aburrido, es verdad, no es una fiesta la vida en nuestro pueblo, pero ¿quién necesita fiestas cuando se tienen estos cielos y estos horizontes delante de los ojos cada día?

Y ahora ahí anda paseando por los campos vestido como un fantoche. La gente habla… Tanto leer no podía ser bueno. Yo le decía: “tío, no se me canse usted tanto, necesita dormir, déjese de historias y váyase a la cama que nos está desvelando a todos”. Va vestido como un fantoche y haciendo simplezas y luego vuelve molido y desilusionado, y yo la última vez le decía: “Tío, que me lo van a matar. ¿No le da a usted miedo que lo maten a palos?”. Y él, después de pensárselo un rato: “Un caballero no tiene miedo de morir por su dama o en singular batalla contra temible enemigo”. Pero en sus ojos había un brillo de ironía que no tiene la mirada de un loco, yo diría.

No sé qué pensar.

Anda el pueblo revuelto. La gente habla. Porque no es solo su imagen la que se está echando a perder: también la de todos nosotros. Él es ahora una figura pública, y ya se sabe lo que pasa con todas las figuras públicas, cómo gusta la gente de pasarlas por el cieno y ridiculizarlas. Mucho trabajo vamos a tener que hacer para que si se le recuerda a él se nos olvide a nosotros. Es porque no tiene hijos. Si el tío Alonso tuviera hijos no se atrevería a hacer lo que está haciendo. Por vergüenza propia y por la de ellos. De nosotros, se da una higa.

Yo le decía el otro día, cuando estaba a punto de salir por segunda vez a sus aventuras: “Tío: ¿no le da vergüenza hacer lo que hace? ¿Es que no se da cuenta de que la gente habla? ¿Es que no sabe lo que dicen de usted, tío?”. Y él: “Sobrina mía, yo sé quién soy, y porque lo sé puedo permitirme ser libre. Sobrina, algún día todo esto será tuyo y entonces harás lo que con ello te convenga. Pero por ahora…” Y dándome un beso en la mejilla tan cálido como no recuerdo otro desde mi más tierna infancia, salió por la puerta y se montó en el caballo con más problemas que gallardía.

El cura, el barbero y el bachiller andan aquí ahora planeando formas de traerlo de vuelta y atarlo a la cama. No sé si hablan literal o figuradamente. Pero luego me digo: ¿y si él tiene razón? ¿Y si los equivocados somos nosotros y hay en este otro mundo que los demás no vemos? Hace unos días, con el tío Alonso todavía convaleciente, quemamos y tapiamos su biblioteca. Yo me quedé con tres o cuatro libros a escondidas, los tengo debajo del colchón hasta que consiga quedarme sola. No leo bien, pero me esforzaré todo lo que pueda. A ver si descubro lo que él ve en esos libros. A ver si descubro…

En todo caso, tengo pena de mi tío Alonso. Quiero mucho a mi tío, me dolería mucho que le pasase algo. Algún día, me lo van a matar, al pobre…

Anuncios

Un pensamiento en “Mi tío Alonso

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s