Excursión al tejado

Tenemos que revisar las tejas y los desagües, así que subimos al tejado. Vamos al último piso y abrimos la puerta con una llave de madera de cuádruple filo, que parece el diente de un animal jurásico. Hay un entretecho de madera encima de nuestro piso. Está lleno de polvo. Dentro hay muebles antiguos abandonados llenos de polvo, una máquina de coser antigua marca Singer (de pedal) llena de polvo, un horno lleno de polvo, un frigorífico lleno de polvo, varias bicicletas roñadas y llenas de polvo. Al tejado se sale por una puertecilla cerrada con un pasador metálico y pesado. Hay que subir unas pocas escaleras, y se abre el cielo.

Estamos en lo alto. Por si acaso (por si se rompe una teja, no es que tenga miedo, los hombres no tenemos miedo, los vascos no tenemos miedo) me quedo esperando en la escalerilla a que termine la revisión. A mi alrededor veo un mar de tejas y frente a mí la línea de tejados de Arroios, parece que sobrevuelo la ciudad como Torres Villarroel con Quevedo. El edificio de al lado, más alto, tiene una especie de desgarrón en la piel de la pared desnuda y gris. Se oyen abajo los ruidos de la avenida, pero no veo lo que pasa (coches, motos, camiones, paseantes).

En el tejado hay tres antenas de televisión, roñosas y larguísimas, como velas de barco varado, sujetas con cables negros aparentemente demasiado débiles. De hecho, una de las antenas está caída a mi lado. A lo mejor por eso no podíamos ver televisión en abierto. A lo mejor por eso nuestro edificio ya no puede navegar. Pienso que llegará un día en que las antenas de televisión resulten tan incomprensibles para las generaciones futuras como el artefacto de Artiquitera lo es ahora para nosotros.

Ha terminado la inspección. Bajamos. “Aquí arriba podría construirse otro apartamento”, me dice mi acompañante. “Hacer un dúplex”. “Sí, aunque con un poco de humedad”, contesto. Cerramos la puerta con la llave. Bajamos un piso. Nos despedimos.

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Un pensamiento en “Excursión al tejado

  1. -“los hombres no tenemos miedo”… ¡Mentirooooosooooo!!!! ¿Qué sería de vosotros sin nosotras? Miedo a ir solos al médico, miedo a cuidar al bebé sin la mamá al lado, miedo a que la compañera se meta enferma en la cama, miedo a que estemos demasiado guapas y algún otro nos diga un piropo, miedo a…. miedo, miedo, miedo…

    -“los vascos no tenemos miedo”… Claro, que para eso los vascos nacen donde quieren (y vale en Sevilla, Toledo, Palencia, Badajoz o… ¡vaya, que donde ellos quieran!).

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