Desprecio de la palabra hablada

Se dice: “si los hombres hablasen solo cuando tuvieran algo que decirse, vivirían en silencio”. Y yo digo: ¿y qué? ¿Es que eso tendría algo de malo? ¿Es que a alguien le resulta insoportable la imagen de un mundo sin charlatanería, sin conversaciones vacías cuyo único fin es existir como tales conversaciones, para que sus interlocutores se afirmen a sí mismos como tales interlocutores?

La palabra hablada es irreflexiva, ambigua, explosiva, incoherente, peligrosa, contradictoria, impulsiva, irracional, arbitraria, vacía, absurda. Puede causar dolor, aburrimiento, irritación, confusión, angustia, rabia, miedo, desorientación, caos, desesperación. Una palabra mal dicha puede empujar a la muerte propia o ajena; puede convertir una tarde plácida en un apocalipsis de gritos y odios. Frente al ciclón animal de la palabra hablada, la palabra escrita es un oasis de soledad humana que permite la reflexión, y en el que incluso las ofensas parecen amortiguadas por el doble proceso de decodificación.

Verba volant: mentira. Las palabras dichas permanecen en la memoria de quien las ha dicho, y de quien las ha oído. Por eso pueden ser repetidas, transmitidas, revividas y lo que es peor, deturpadas, alteradas y manipuladas, lanzadas como armas, utilizadas como palanca para abrir mentes inexpertas, cargadas de pólvora, resentimiento, agujas. Tú dijiste, tú dejaste de decir. Yo no dije eso, o por lo menos no quería decir eso. Qué más da. Lo dijiste. Lo dijiste para siempre y lo que queda dicho, no puede ser desdicho, ni olvidado.

Debemos unirnos en el odio a la palabra hablada: nos humilla, nos arranca lo mejor que tenemos, nos convierte en seres grotescos y primitivos. La palabra escrita en cambio nos eleva a una categoría casi divina: ningún otro ser sobre la Tierra es capaz de tal cosa. Pero todos los animales saben gruñir, gritar, croar, relinchar, mugir, bramar, rugir.

La palabra hablada nos hunde en el cieno; la palabra escrita nos saca del cieno. Si nos callásemos más a menudo, a lo mejor aprenderíamos a pensar.

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