Rupturas

La primera vez que Alicia me dejó nos reímos mucho. No es que hubiera ninguna confusión: los dos teníamos claro que estábamos terminando nuestra relación, reconociendo un fracaso en definitiva; pero a los dos la situación nos parecía divertidísima, probablemente por descubrirnos, así de repente, encarnando un cliché.

La segunda vez que Alicia me dejó no nos reímos en absoluto. Estábamos demasiado atrapados por la sensación de vacío, de pérdida, por la perspectiva de un futuro el uno sin el otro. A pesar de todo lo que ha venido después, esta ruptura fue la más auténtica.

La tercera vez los dos nos quedamos insatisfechos con la escena: sonó falsa, como actores que llevan demasiado tiempo interpretando un papel y hacen los gestos correctos, pero sin sentimiento. Alicia y yo nos prometimos repetir esta ruptura más adelante, para mejorarla.

La cuarta vez la dejé yo a ella, porque creo firmemente que la rutina es el mayor peligro para cualquier pareja.

La quinta vez Alicia me dejó con público, en medio de una celebración familiar. Fue la ruptura más exaltada de todas, con gritos, reproches y amenazas a las que ninguno de los dos éramos muy aficionados. Nos salió tan bien que cuando acabamos sentí la tentación de hacer una reverencia.

La sexta y la séptima veces vinieron tan seguidas que casi es difícil distinguirlas (porque mucha gente ni siquiera llegó a enterarse de que en medio habíamos vuelto a estar juntos). Pero para nosotros, que somos los que importamos, por supuesto que fueron distintas: la sexta, por teléfono y con desgana -estábamos de resaca-; la séptima, en medio de un viaje a Roma del que acabamos disfrutando por separado.

Ayer fue nuestra octava y última ruptura (por el momento). En el fragor de la despedida nos prometimos que esta vez sería para siempre. Pero solo dos horas más tarde me llamó Alicia algo preocupada: “¿No te parece que hemos exagerado un poco, sobre todo al final?” Al final, ella había llorado, y yo había hecho mutis con un portazo. “Puede ser. A veces resulta difícil meterse en el momento y uno exagera por si acaso…” “Sí, eso es. Yo debería haberme ahorrado ese gesto tan hortera de ponerme las manos en la cara”. “Y yo el puñetazo en la mesa. Que sigo diciendo que te la pago”. “No, no te preocupes, estaba ya a punto de cascarse”. Y luego: “Pues nada, a ver si la siguiente ruptura nos queda mejor”. “A ver”, le digo, y colgamos.

He pasado la noche en vela, como un adolescente, imaginando una octava (y una novena, décima, undécima) ruptura entre Alicia y yo. Solo de pensarlo, se me aceleran los pulsos…

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2 pensamientos en “Rupturas

  1. Ayyyyyyyy, pero qué bien lo cuentas, Santi… Qué triste que seamos así las parejas, metidos en repetir una y otra vez momentos que nos hacen sufrir en lugar de aprender a evitarlos y sustituirlos por otros mejores. Y no me vale eso de que “es bueno romper para luego reconciliarse”, no-no-no-no… No hay nada que compense lo que duele una ruptura…

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