Falta algo

No digo que esté mal, no digo que estemos mal, incluso según cómo se mire y quién pregunte (a veces insistentemente) se podría decir que soy feliz, que somos felices, pero no sé, falta algo. Tengo una vida apacible y acomodada relativamente para los tiempos que corren, un margen de seguridad, una casa cálida y casi pagada aunque sin niños, eso sí es verdad, pero no queremos niños ninguno: queremos una libertad que los niños no permiten, poder viajar, salir al cine o a cenar o a beber y bailar de vez en cuando pero sin ataduras. Me tumbo, nos tumbamos por la noche a mirar la televisión con las piernas cruzadas y un libro en las manos para disimular que en realidad estoy viendo ese programa de la televisión que no ve nadie. Mis padres nos llaman y nos preguntan qué tal estoy, y contestamos que bien, que soy feliz, que somos felices, ¿quién?, dicen, nosotros. Nos llegan cartas del banco, de la compañía de teléfono, del gas, del agua, de electricidad, todas con mi nombre correctamente escrito y por cantidades que podemos asumir sin agobios. Pero falta algo. Nos llamamos por teléfono desde el trabajo o desde casa, cuando estamos solos o cuando estamos con amigos, nos mandamos emails y cartas aunque ya casi nadie escriba cartas, en Correos ya me conocen, nos conocen. Nos enviamos flores sin motivo. Pero casi nunca llegan. No sé si falta algo porque no llegan, o si no llegan porque falta algo. Me gusta mi trabajo, nos gusta nuestro trabajo. Vamos al gimnasio y a conciertos, al teatro y a clases de idiomas, la gente no nos reconoce pero a mí me gusta así. Volvemos a casa y no estoy todavía, pero enseguida enciendo la televisión y pongo ese programa que no vemos y entonces ya se recrea allí nuestra vida juntos, y parece que todo está como tiene que estar. Pero no sé, falta algo. No sé, no sabemos. Falta algo.

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3 pensamientos en “Falta algo

  1. Pues así, desde la distancia, con la objetividad que eso permite, para mí que está claro que ese algo que falta son precisamente los niños que tan conscientemente se evitan. Es cierto, claro, que “roban” nuestro tiempo; pero es poco ese tiempo “robado” y enseguida se les puede incluir en nuestras salidas: cine, teatro, deportes, excursiones… Y ni te cuento lo que ganan los debates y las tertulias al llegar a casa… Y que las partidas de scrabble o de trivial se convierten en mucho más interesantes también, o hasta el simple parchís pasa a ocupar un buen lugar entre los juegos de mesa (que ya es decir…).
    Mi experiencia al menos así me lo ha demostrado: MEJOR CON HIJOS. (Eso sí, DE LOS PADRES -temporalmente, por supuesto-, no de la sociedad. De los padres su educación -completa-, su guía, su encaminarse hacia esa felicidad que nosotros ya hemos probado).

    • ¡Uy, gracias! Me había perdido el aplauso, con lo que eso anima, jajaja. Gracias, Felipe. (Da para mucho el tema de los hijos y, aunque me cueste, me contengo, que no es éste el lugar para escribir y escribir sobre ello).

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