#acampadalisboa (3): una semana después

En realidad, esta entrada es una actualización de la que escribí hace exactamente una semana, donde planteaba algunas reflexiones sobre la #acampadalisboa y las demás acampadas creadas a partir del movimiento 15M. Desde entonces, las cosas han evolucionado bastante: a veces para mejor, otras para peor. Digamos, para empezar, que soy bastante más optimista respecto al futuro o logros de las acampadas españolas, pero mucho menos con respecto a la de Lisboa. Ahora me explico.

Como se preveía, a lo largo de la semana pasada los campamentos daban cierta sensación de agotamiento o de distorsión (al menos desde fuera): que si había grupos de “magufos” infiltrados hablando de chemtrails y similares; que si había un follódromo en la acampada de Sol; que si se estaban haciendo todo tipo de propuestas absurdas… Pero entonces, pasó esto y cualquier duda respecto a la legitimidad y a la necesidad de mantener las acampadas se desvaneció. Muchas gracias, señor Puig.

Además, en un movimiento que personalmente me parece muy inteligente, los “indignados” españoles comenzaron a intentar encontrar acuerdos de mínimos comunes (tres o cuatro puntos, según las versiones), que se resumirían en las siguientes reivindicaciones:

  1. Reforma de la ley electoral (un hombre, un voto; reparto proporcional de escaños; circunscripción única…)
  2. Despolitización de la justicia
  3. Lucha contra la corrupción en los partidos y las instituciones
  4. Creación de mecanismos de control ciudadano a los políticos

Este énfasis en unos pocos aspectos que fueron esencialmente los que sacaron a la gente a la calle, puede ayudar a que el movimiento tenga continuidad (como plataforma, manifiesto, iniciativa popular) cuando los campamentos se disuelvan -cosa que sigo considerando inevitable-. Serán entonces los barrios, como dicen algunos, o más bien internet de nuevo, los foros para seguir trabajando en esta línea, basada en un consenso generalizado.

En Lisboa las cosas son muy distintas. No soy de las personas más implicadas en las acampadas, ni mucho menos, pero sí me he pasado por cuatro de las asambleas de la última semana (a veces solo un momento; otras, varias horas) y la deriva que ha tomado es muy distinta de la de España: aquí, el movimiento ha dejado de ser ideológicamente abarcador, y se ha politizado claramente hacia la izquierda. La reivindicación fundamental ya no es “Democracia Auténtica Já”, sino “FMI fora daquí”. Ya no es solo que las personas que participan en el movimiento tengan una ideología determinada (muchos de ellos, dicen, son miembros del PCP o del Bloco de Esquerda), sino que han preferido trasladar esa ideología al conjunto de la acampada, en vez de buscar puntos de encuentro que puedan atraer a más gente. Algunas propuestas aprobadas por la mayoría, como plantar árboles en Rossio, apoyar una huelga de ferroviarios, firmar un documento de solidaridad con las revoluciones árabes y en contra de la ocupación de Palestina, o la creación de un grupo de trabajo para el “cambio de modelo económico, social y político” (o sea, para acabar con el capitalismo) están ya muy lejos del impulso inicial con que nació el 15M, por lo menos en España.

En contra de lo que se oye a veces (“cada vez somos más, y cada vez seremos más”), mi impresión es que cada vez va menos gente a las asambleas. Y no me extraña: son larguísimas, confusas, tensas y en muchos casos meta-asamblearias: se dedica un tiempo enorme a discutir el modo de votación, la infraestructura del campamento o el funcionamiento de los grupos de trabajo. Las votaciones de aspectos importantes solo empiezan pasadas más de dos horas de asamblea, y pueden prolongarse hasta la 1 de la madrugada. Es evidente que no es fácil organizar una asamblea popular, y que nunca va a llover a gusto de todos, pero cada vez son más abundantes las intervenciones que se muestran desencantadas con el movimiento y con la deriva que ha tomado.

Esto no quiere decir que el movimiento #acampadalisboa no continúe; pero si lo hace, lo hará con unas reivindicaciones, unos objetivos y un espíritu muy distinto al de las acampadas españolas (al menos, como yo las veo desde aquí). Y no creo que un movimiento marcadamente de izquierdas que se declara contrario al capitalismo y a la burguesía sea el mejor modo de atraer a la gente a la plaza.

Seguiremos informando.

Para saber más:

  • Acampada Lisboa ofrece la “visión oficial”, algo triunfalista, de la acampada
  • El burdel del delirio incluye  “actas informales” de las asambleas, y ofrece la visión crítica de un español implicado en el movimiento desde el primer día.
  • En el blog 5dias escriben varias personas que forman parte de la “dirección” (no oficial) del campamento. Hay varias entradas sobre las asambleas y su evolución.
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