Un sueño cruel

Hace un par de noches tuve un sueño cruel, que no puedo llamar “pesadilla” porque ni me desperté ni recuerdo que estuviera pasándolo especialmente mal (lo que puede que sea todavía peor, por lo que dice de la conciencia moral de mi subconsciente).

Recuerdo que en el sueño estaba torturando a una persona. Creo que éramos dos, aunque es posible que la otra persona también fuese yo, desdoblado. El ambiente era como de película del Oeste, con arena, una cabaña de madera, mucho sol. La víctima (que no sé quién era, ni por qué la torturábamos) estaba tumbada en un banco. Creo que no gritaba ni se movía, pero tengo la impresión de que estaba despierto y mirándome. En un momento de la escena recuerdo que decidíamos comernos una de sus piernas, asada. En un gesto de compasión sin límites, la pierna ha sido separada del cuerpo antes de cocinarla y empezar a comerla. Recuerdo haber pensado: “esto no le puede doler”. También recuerdo que la carne sabía sorprendentemente igual que el lomo de cerdo. No sé qué pasó al final con la víctima, ni con mi cómplice, ni si conseguimos lo que queríamos al torturarlo. Como no me desperté, el recuerdo se ha ido borrando de la memoria.

Por si alguien se lo está planteando, esto no tiene nada que ver con #acampadalisboa.

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