#acampadalisboa (2): Reflexiones

1.- Diría yo que hay dos tipos de personas en España: los que creen que la gran noticia de estos días es la aplastante victoria del PP en las elecciones municipales y autonómicas (estén contentos o tristes con los resultados); y los que (estén a favor o en contra) creen que la gran noticia de estos días son las concentraciones del 15-M, DemocraciaRealYa, AcampadaSol o como se les quiera llamar. Yo estoy en los del segundo grupo, aunque por supuesto me doy cuenta de que la primera noticia tiene consecuencias inmediatas mucho mayores.

2.- Los movimientos y acampadas que han surgido en los últimos 10 días no tienen un único origen concreto: ni está Rubalcaba detrás, ni son un movimiento de extrema-izquierda-proetarra, ni han nacido como consecuencia del libro ¡Indignaos! de Hessel, ni tenían por intención principal alterar el resultado de las elecciones municipales (o no en el sentido que algunos pensaban). Más bien es el estallido de una burbuja de frustración y rabia que llevaba meses formándose y manifestándose en forma de hastag y de grupo facebook (#nolesvotes, #DemocraciaRealYa…) y que ahora ha encontrado su catalizador o canalizador en el Mundo Real.

3.- Creo, sin datos, que quizás el 90% o 95% de las personas que se manifiestan estos días son de izquierdas: no hay más que ver cómo han reaccionado los medios de izquierdas –El País, Público– y los de derechas –ABC, La Razón, Libertad Digital- ante las acampadas; o las pancartas desplegadas por los manifestantes, o algunas de las reivindicaciones que se han incluido en sus manifiestos o asambleas. Pero también creo que el movimiento en sí, por principio, no es necesariamente de izquierdas: se ha definido (yo creo que sinceramente, al margen de conspiranoias extrañas) como un movimiento apartidista, que no apolítico. De ahí que haya podido atraer y reunir a tanta gente de edades, condiciones e ideologías distintas, con un enemigo común y fácil de odiar: el “sistema”.

4.- Estos movimientos asamblearios me parecen de una ingenuidad adánica desarmante: lo que la gente (alguna gente) parece querer o cree estar haciendo es refundar la democracia desde cero, volver al ágora griega, empezar a reconstruir la política como si el resto del mundo no existiera. El impulso y el ideal que hay detrás (sanear el actual sistema democrático; limpiar la política de corrupción; establecer mecanismos de democracia más directa y representativa) es loable y necesario; pretender que estas asambleas ciudadanas o vecinales sean el comienzo de esa nueva democracia es, bueno, eso, ingenuo. Dos ejemplos: una de las propuestas que se oyó en #AcampadaSol era abolir el FMI; una de las pancartas de la #AcampadaLisboa decía: “Fuera las ideologías de la política”.

5.- Creo que estos movimientos entran ahora en una fase muy difícil: ha sido relativamente fácil, hasta ahora, congregar a decenas de miles de personas, porque protestaban contra cosas contra las que es difícil no protestar: el bipartidismo oficioso que nos gobierna; la corrupción impune de los políticos; la desfachatez y el poder ilimitado de los mercados, los bancos y las grandes empresas (multi)nacionales; el injusto reparto de las consecuencias de la crisis. Pero ahora llega el momento de hacer propuestas concretas, de decir a favor de qué estamos, cómo analizamos la crisis económica, social y política, qué soluciones concretas (y realistas) proponemos. Y ahí va a ser difícil que encuentren puntos de enganche tan fuertes, y es posible que el movimiento pierda fuerza o se fragmente.

6.- Como se entenderá por los puntos anteriores, soy bastante pesimista con respecto a los resultados a corto plazo que puedan conseguir estos movimientos. Creo que durarán una temporada más, producirán documentos y noticias durante unas semanas y luego se disolverán, ya sea por agotamiento interno, o por presiones externas (ahora que ya no hay elecciones a la vista, no me extrañaría que se empezasen a ver cargas policiales en las plaza).

7.- En cambio, creo que este movimiento puede tener consecuencias más sutiles y más duraderas a medio o largo plazo: porque ha demostrado que la juventud no estaba tan anestesiada ni tan acomodada como decían algunos, y que tiene capacidad de movilización y organización; porque puede contribuir al crecimiento o a la recuperación de partidos alternativos a “los dos grandes”; porque puede contribuir a que surja un debate interno en los grandes partidos, sobre todo en el PSOE cuando (si se cumplen las previsiones) pase a la oposición en 2012; porque puede ayudar a crear o engrandecer movimientos sociales de base alternativos a los partidos y a los sindicatos, que pueden ser importantes, quién sabe, en una futura democracia más crítica y participativa.

8.- Es por esos motivos por los que creo que es necesario apoyar estas acampadas: por lo que representan de llamada de atención general y cuestionamiento crítico de un sistema que parecía intocable e incriticable. Porque el sistema político español da muestras muy claras de degradación (corrupción, ausencia de debate, corporativismo, injerencias en la justicia…) y a los grandes partidos no parece preocuparles, más bien al revés. En cambio, me resulta mucho más difícil participar de la euforia de las asambleas: siempre me acuerdo de esa escena de La vida de Brain en que Brian grita desde la ventana: “tenéis que ser individuales” y la masa responde: “¡¡¡Sí, tenemos que ser individuales!!!”.

9.- Dos reflexiones finales sobre la #acampadalisboa en concreto: la primera es que, si el jueves comenzó siendo un movimiento fundamentalmente de españoles en Lisboa (la primera noche, por lo que me comentaron, eran unos 35 españoles y dos o tres portugueses), a estas alturas se ha convertido ya en un movimiento fundamentalmente portugués, con reivindicaciones específicamente portuguesas (expulsar al FMI, auditar las cuentas del estado…) y protagonizada por portugueses (aunque los españoles sigan estando presentes en mayor o menor medida). De hecho, la Acampada Lisboa solo tiene algún futuro si consigue conectar con el descontento que se expresó en la manifestación de la Geraçao a Rasca de hace algunos meses.

10.- Por ahora, la Acampada Lisboa no da señales de agotamiento ni mucho menos: cada asamblea es más numerosa que la anterior, la intendencia y el funcionamiento interno se van perfeccionando y las personas implicadas parecen dispuestas a aguantar una acampada de larga duración, quizás hasta las elecciones generales del 5 de junio. Su evolución dependerá de dos factores, creo yo: que consigan aguantar también entre semana, cuando la mayoría de la gente tiene que trabajar; y que no cambie la actitud policial, que hasta ahora ha sido de lo más comprensiva e incluso colaborativa con los participantes.

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4 pensamientos en “#acampadalisboa (2): Reflexiones

  1. Bueno, pues yo veo un levisimo rayo de esperanza. Por lo menos, la juventud baila 🙂

    Va a sonar a abuelito Cebolleta, pero cuando era más joven había manifestaciones, sentadas, mitines y reuniones a cada momento y se controlaba la situación política permanentemente, se discutía, se hablaba. Hasta ahora, lo único que veía era un conformismo total, apoyado por los partidos y sindicatos, que en vez de ser los estandartes de la sociedad, eran los promotores del “no se puede hacer nada”. En tiempos eran los que portaban las antorchas del progreso, ahora llevan las pancartas del FMI. Ya no valen, eliminémoslos y creemos una situación nueva.

    Levantemos de nuevo las barricadas, pero esta vez que sea con libros. Las soluciones están ahí, solo hace falta leer y tener el valor de aplicar lo leído.

  2. Barricadas de libros… qué gran imagen. Pero, por qué será que no puedo dejar de pensar en Fahrenheit 451, en Savonarola, en Bolonia….será que también yo he tenido esta noche alguna pesadillla.

  3. Hola. Es comprensible que los portugueses vean al FMI como el diablo, lo es. Si bien en los medios se nos presenta como otra cosa. Stiglitz, premio nobel de economía, que sabe de lo que habla y conoce los entresijos del FMI al dedillo, dedicó su libro “El malestar de la globalización” a reflexionar y argumentar como la politica del FMI ejecutada en países en desarrollo impidió cualquier posibilidad de desarrollo. Condiciones draconianas y medidas encaminadas a evitar que los países agrícolas de los países en desarrollo llegaron a los mercados americanos principalmente, así como subvenciones exorbitantes a los granjeros americanos, impide el libre comercio, vulnera sistematicamente cualquier tratado, pero se hace impunemente. El doble rasero de los americanos es un hecho. Antes las crísis asiática de los 90, no se permitió a estos países ayudar a los bancos porque era contraprudencente. Ahora los Estados Unidos han dado cantidades ingentes a los bancos para evitar que quebraran.
    Esto son solo unos ligeros apuntes.
    El FMI ha sido y es el malo de la película. Lo cual no obstante apenas tiene repercusión mediática, pues presenta a este organismo como una organización altruista que intenta hacer un mundo mujer. De no haber sido por el episodio de DSK, la mayor parte no sabe ni que es, ni para que sirve el FMI. Sirve para hacer un mundo peor, y más desigual.
    Pedir una democracia más participativa, unas listas abiertas por ejemplo, que la gente se organice en asambleas puede ser un punto de partida interesante. La pena es que los grandes partidos, el PSOE, por ejemplo, no está por la labor de oir ni al pueblo, ni a sus votentes, porque no quieren que nadie cambie, no quieren debates internos, ni mucho menos reflexionar sobre lo que ha pasado, porque eso sería ir al fondo del asunto, y es mejor desviar la atención con primarias, congresos, sin ir al fondo del asunto. Lo honesto sería que toda la cúpula socialista cogiera la puerta y dejaran sus cargos, pero no. No hay varapalo lo suficientemente fuerte como para que un político, sea congresista, senador, ministro, decida tomar decisiones a la luz de los resultados y dejar el camino a otras personas que seguro que además de trabajo e ilusión, están dispuestos hacer las cosas de otra manera.

  4. Pingback: #acampadalisboa (3): una semana después « Como un libro abierto

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