Eres lo que lees

La niña tiene un balón en la mano y una piruleta en la boca; el señor no tiene una piruleta en la boca, pero en la mano tiene algo. Es el final un día soleado y solitario. Las luces de la ciudad empiezan a encederse. La niña lanza el balón al aire, pero el viento lo empuja más allá de su alcance y se va rebotando, rebotando, rebotando, hasta el banco desde el que el señor la mira y la mira. “Ven, niña, ven, ven aquí”. La niña corre, duda, se para, mira hacia atrás buscando a su madre y no la ve. El señor bota el balón, lo tira al aire, se ríe, juega. “Ven, niña, ven, ¿quieres jugar conmigo?”. Y la niña, más centrada en divertirse que en protegerse, va, corre, va.

¿Pero cómo sigues leyendo? ¿Cómo eres tan inconsciente? ¿No tienes imaginación? ¿Qué crees que va a pasar ahora? El señor tiene “algo en la mano”. ¿Eso no te dice nada? ¿No has olido el peligro? ¿Es que eres como la niña, que solo piensa en su propia diversión y no en la seguridad propia ni ajena? ¿Es que no lees las noticias? “El señor la mira y la mira”. ¿De verdad eres tan ingenuo que no has entendido las insinuaciones? Pues eran bien obvias. O lo que sería peor, ¿es que has visto las insinuaciones pero te ha dado igual? ¿No tienes moral? ¿Eres tú también un pervertido? ¿Un guarro? ¿Un violador de niñas? Sí, sí, sí, lo eres, no lo niegues. Si no, no habrías seguido leyendo.

Pues mira, que sepas que porque tú sigues leyendo, el señor se ha llevado a la niña. Sí, así es, mírala, mírales: le ha cogido la manita, le ha prometido algo (no sé qué, me has distraído) y se la está llevando, con suavidad pero con firmeza, hacia un lugar más oscuro y más oculto. Y todo, porque tú has decidido seguir leyendo, porque si no hubieras seguido, la niña se habría quedado en ese limbo inocente en que las cosas pueden ocurrir, pero todavía no ocurren; no le habría pasado nada, no le habría pasado lo que está a punto de pasarle. Cada palabra que lees, la niña y el señor dan un paso más en dirección a la noche.

¿Todavía sigues leyendo? De verdad, no lo entiendo. Es culpa tuya. Es culpa tuya y solo tuya que el señor ahora haya apretado a la niña más fuerte contra sí, y le haya dicho “vamos a buscar a tu mamá” y le haya señalado su coche; solo porque tú sigues leyendo, cacho cabrón, la niña ha dicho que sí, ha mirado a los ojos claros y algo apretados del señor y ha dicho que sí, que vale, que quiere ir con su mamá. Si hubieras dejado de leer, la mano del señor no estaría hora mismo abriendo la puerta del coche, no estaría empujando ya con algo de violencia a la niña hacia dentro, y desde luego no estaría cerrándola de un portazo detrás de ella, mientras mira a su alrededor.

Eres un hijodeputa. Si estás leyendo todavía y no has parado es porque quieres que pase lo que sabes que va a pasar. Si tuvieras un mínimo de ética, o de compasión, o de humanidad, habrías dejado de leer hace ya tiempo, no habrías pasado de la primera línea que todavía tiene cierto aspecto inocente. Pero si has llegado hasta aquí es porque quieres que la cosa acabe mal, estás deseando que la cosa acabe como tiene que acabar. Pues jódete, pervertido de mierda, porque yo, como escritor, me niego a escribir lo que tú quieres que escriba. Las cosas se quedan así, así se acaba la historia, y la niña estará para siempre a salvo dentro del coche mientras el hombre mira a un lado y a otro por encima del hombro, para toda la eternidad.

Espero que hayas aprendido la lección.

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21 pensamientos en “Eres lo que lees

  1. ¡Santi! Deja eso de la teoría comparatista de las traducciones, o como leches se diga, y ponte a escribir cosas de estas como loco!! Sí, te morirás de hambre, pero a nosotros nos harás pasar unos buenos ratos..;)

  2. Que fenómeno! Lo he leido hasta el final y me he quedado con ganas de más.
    Los pervertidos de papel no somos peligrosos. De momento.

  3. Una curiosidad: según cómo o desde dónde hayáis llegado a esta entrada, hay un detalle que a lo mejor no habéis podido ver: quienes entran a la página principal del blog (https://comounlibroabierto.wordpress.com) inicialmente solo ven el primer párrafo de la historia. Para leer el resto tienen que pulsar en el botón de “seguir leyendo”. Por eso el segundo párrafo empieza con “¿Pero cómo sigues leyendo?”.

    En todo caso, creo que el cuenteciglio se sostiene aunque no se vea esa pequeña “broma”…

  4. Vaya cabrón que eres¡¡¡ (me refiero a la seducción que provocas con tu corte en el cuento)
    Que sí, que hoy te conozco pues esas cosas buenas tiene ésta semana, el llevarte a revolver en Internet en tu rato libre y he caído aquí. Me gusta tu estilo y te “compro” llevándote a mi blog 🙂

  5. Sé que las cosas no son así, pero si yo fuese editora te “ficharía”… Tienes una capacidad de atracción enorme en tus relatos.
    Escribe y sigue bien!!!

  6. Sí que he llegado por casualidad hasta aquí, pero el quedarme ya no es fruto de la casualidad, sino una decisión consciente y deseada. Enganchas. Ya no me iré hasta no leer todo lo anterior. Y, después, sólo desapareceré si tú dejas de escribir. ¡No lo hagas!

    Gracias por compartirte, pues que en lo que uno escribe, siempre se deja un pedacito de alma.

  7. Pingback: Entradas invitadas: La niña del balón y la piruleta « Como un libro abierto

  8. A la persona que lo escribio mis felicitaciones por la manera de llevar el suspenso, lo lei y fue por la curiosidad de a que se referia, la verdad es que entra en juego la moral… pero al fin y al cabo considero que ante una situacion como esta y como cualquier otra lo correcto seria hacer algo al respecto, no dejar de leer,(es decir no fijarse en la situacion) el texto deja muchas preguntas y la mia para ti es… (si llegas a leer la pregunta) cual esperas que sea la accion de quien lea esto? Pues yo creo que mirar al otro lado solo hara que la niña hubiese terminado en el auto sin que nadie lo supiera!

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