La inevitable entrada sobre el fado

Sí, cómo no: Portugal, y sobre todo Lisboa, son sinónimos de fado en la mente de muchas personas. Y sí, realmente el fado existe y se escucha en Lisboa, no es solo una trampa para turistas (aunque muchas casas de fado lisboetas lo sean). Algunos de mis compañeros de trabajo son aficionados al fado, y van a ciertos locales donde saben que los fadistas son buenos y auténticos. Y para quien quiera escuchar la música, y no le importe tanto la mística o el marco incomparable, también tiene opciones, como por ejemplo las “Terças onde o fado acontece” del Chapitô. Pero vamos, que viviendo en Lisboa dos años, era inevitable que le dedicara una entrada al fado (como era inevitable que le dedicara una entrada a la patata vivendo en Irlanda). Y aquí va.

Para empezar, hay que aclarar que el fado, lo que generalmente fuera de Portugal se entiende por fado, es sobre todo el de Lisboa. Hay otra variante de Coimbra, más universitaria, más parecida a las canciones de tuna, que no tiene nada que ver con la melancolía del lisboeta. Este nació, o se puso de moda (es difícil saberlo) en el siglo XIX, durante el Romanticismo, aunque probablemente tenga orígenes anteriores: algunos dicen que moriscos, otros que africanos, otros que brasileños. También se dice que pudo ser un tipo de canción creado por las esposas de los marinos, que los añoraban durante los meses de separación. Sea como sea, el caso es que, como el tango argentino, inicialmente era considerado un tipo de música de las clases bajas, popular, casi vulgar. Pero después, también como el tango, se introdujo en los salones burgueses y nobles, y adquirió su lugar como género típico lisboeta, propio de artistas y bohemios. Ya en el siglo XX, el fado traspasó las fronteras de Portugal, sobre todo gracias a Amalia Rodrigues, la gran dama del fado, que murió en 1999.

Sesión de fado en un restaurante de Alfama. Vídeo cortesía de Iker e Irantzu.

El fado, esto lo sabe casi todo el mundo, es una canción generalmente triste, melancólica, desgarrada (no todos son así, pero sí la mayoría, y los más conocidos). Los fadistas -los hay hombres y mujeres- suelen vestir de negro, y suelen evitar el contacto visual directo con la audiencia: algunos incluso cantan de cara a la pared. Se canta con acompañamiento de guitarra portuguesa (de 12 cuerdas) y guitarra clásica. Los temas típicos del fado tradicional son, fundamentalmente, Lisboa, sus barrios y su río; y la ausencia o la pérdida del amante, traducida en la tan conocida saudade portuguesa. Aunque, por supuesto, hay muchísimas variantes de fado que amplían los temas, las formas y los instrumentos del tradicional.

De hecho, actualmente se habla de que existe un cierto revival del fado en Portugal, tanto en su variante más clásica, como en variantes más pop (que por supuesto a muchos puristas les parecen una aberración, lo mismo que pasa con el flamenco. Entre las cantantes actuales de fado más conocidos están, por ejemplo, Mariza, Dulce Pontes o Ana Moura, cada una con su particular estilo. Y por supuesto, hay infinidad de cantantes menos conocidos, pero que contribuyen a mantener vivo el género.

Y para terminar, algunos ejemplos de fados que, además, hablan de fados: uno, inevitablemente, de Amalia; otro de Mariza; y otro (más pop) de Ana Moura.

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2 pensamientos en “La inevitable entrada sobre el fado

    • Bueno, es que no creo que la pseudo-Hannah Montana esté siempre ahí, probablemente solo viene a Lisboa a llorar dos o tres veces al año… 😛

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