Identidad, memoria y narración

Leyendo Cosas que ya no existen, de Cristina Fernández Cubas, reconozco una idea que por supuesto no es ni suya ni mía (más bien es un lugar común de nuestros tiempos), pero que me parece clave: la idea de que no hay identidad sin memoria, y toda memoria (individual o colectiva) es una narración, y toda narración es inevitablemente una manipulación de los hechos, por fiel a ellos que pretenda ser.

No existe el pasado, sino los relatos del pasado. Hay personas expertas en manipular (para sí mismos o para los demás; consciente o inconscientemente; por malicia, orgullo o confusión sincera) sus propios recuerdos y transformarlos en otra cosa; con el paso del tiempo, lo que sucedió en realidad es intrascendente: la narración reconstruida es la que importa y la que integra su identidad. No es distinto de lo que ocurre con las identidades colectivas: aquí también hay selección, montaje, olvido, (re)invención.

Más que de carne, estamos hechos de memoria, somos una narración, somos palabras. De hecho, somos una historia fragmentaria, contradictoria y confusa, somos polifónicos por definición. Somos la versión de nosotros que cuentan nuestros padres, nuestra familia, nuestros amigos, nuestra pareja; y lo que dice de nosotros nuestro curriculum, nuestro facebook, nuestro twitter, nuestro blog; el registro médico, el registro bancario, el registro civil; sobre todo, somos la historia que nos contamos a nosotros mismos antes de quedarnos dormidos, para poder quedarnos dormidos, y también su contrapunto culpable.

Todas estas historias son ciertas; todas son mentira. Con ellas construimos lo que somos, seamos o no escritores, como Cristina Fernández Cubas.

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Un pensamiento en “Identidad, memoria y narración

  1. Apasionante tema!! Pero yo sí creo en la objetividad pura, y la veo como esa temperatura ideal de 0ºK a la que podemos acercarnos todo lo que queramos sin nunca ser capaces de alcanzarla definitivamente. Por tanto, hay grados de objetividad a partir de los cuales la diferencia con respecto al caso ideal es tan pequeño que contituyen una buena aproximación.

    Para que la información sobre la realidad se transmita con fidelidad y precisión, es importante el método de transmisión. La memoria de un sujeto es, como dices, poco fiable, y a la subjetividad hay que sumarle el paso del tiempo que como arena va deformando el rastro. Si la memoria individual falla, la memoria colectiva lo hará también consecuentemente. La transmisión oral de generación a generación también desvirtúa los hechos. Sólo lo escrito parecería fiable en un principio, pero ahí interviene en primer lugar la objetividad del narrador inicial, y en segundo lugar la de los sucesivos transcriptores del texto.

    Pero aunque escasos, hay textos antiguos, originales, de carácter jurídico o coato de periodístico, que reflejan (o al menos sospechamos) fielmente y de forma precisa la realidad de una época que desconocemos. Y si bien nunca tendremos una completa certeza sobre ello, son en gran aproximación las “grabaciones en vídeo” del pasado.

    Y si aun así uno sigue teniendo nostalgia por tener una visión objetiva del pasado, puede que no sea posible con las vidas y experiencias humanas, pero sí de la naturaleza: tan sólo contempla el firmamento que es el pasado en directo 😉

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